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Geraldine Gutiérrez-Wienken: «La poesía es una paradoja, no sabemos qué es, pero es»

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«Por mi ojo espacial al ojo de la tragedia he arribado
digamos a una cúpula barroca
digamos a mi elemento nube
digamos al bosque de cabeza. Allá adentro no soy yo
la ni lo. El inframundo es una extrema farsa si tú
ensayas corregir la. Y lo disimulas»

Con este poema titulado XXI de Geraldine Gutiérrez-Wienken incluido en su poemario más reciente El silencio es una bailarina editado en Colombia (El Taller Blanco, 2020) y en Argentina (Alción, 2021). Damos comienzo a la entrevista a la poeta venezolana, radicada en Heidelberg, Alemania. Sus poemas se han publicado en diversas páginas Web literarias internacionales como: Zenda, Circulo de Poesía, Revista Nayagua, Latin American Literature Today y en la antología de LP5: En la desnudez de la luz: Poetas venezolanas de la década del sesenta.

 

Es la directora de la editorial hochroth Heidelberg, editorial consagrada a la traducción y publicación de poesía de América Latina y España, en Alemania. Colaboradora de la Revista Poesía de la Universidad de Carabobo y de Papel Literario del Nacional. Ha compilado, traducido y prologado las antologías de las poetas alemanas Hilde Domin: Canciones para dar aliento (2018) e Inge Müller: ¡Que no me asfixie de hacer tanto silencio! (2021, Beca de traducción del Goethe Institut), ambas publicadas por la editorial argentina Llantén.

Consciencia en torno a la poesía

– ¿Cómo fue tú primer encuentro consciente con la poesía desde una anécdota?

Un recuerdo me hace sospechar la existencia de una suerte de consciencia incipiente en torno a la poesía. Se trata de la lectura de unas cartas cuando tenía ocho o nueve años. Eran unos pliegos crujientes y casi transparentes, unas líneas oceánicas por las corrían animales dibujados con marcador. Mis ojos iban tras algo invisible que [me] hablaba. Comencé a imaginar voces, miradas, lugares, seres animados y, de pronto, me hice consciente de que frente a mí no había nadie. Solo papel, signos y dibujos. Confundida escondí las cartas, pero nunca más pude separarme de este acontecimiento.

Entrada en la adolescencia, leí poemas que me remitieron a la luz y al silencio de dichas cartas. Por esta razón creo que eso fue poesía.

En ese primer encuentro percibí que existía un lenguaje, un lenguaje otro, capaz de des/cubrir/me paisajes brumosos inéditos.

– Escribir poesía desde los parámetros poéticos (medida de los versos) ¿Siempre fue así o fue un proceso que fue sucediendo  con el tiempo? 

Mis primeros poemas los escribí en la infancia, sin ningún parámetro poético, a partir de sucesos concretos que me impactaron. Por ejemplo, una vez, durante un viaje, estábamos echando gasolina y de repente se me acercó un perro. Comencé a jugar con él: sus ojos, su mirada, su rabo moviéndose, todo tan fabuloso, nos entendíamos sin hablar. De pronto, vino la despedida. Mientras nos alejábamos, miraba el perro por el espejo de atrás, sabía que no lo vería nunca más. Cuando llegamos a la siguiente estación de nuestro viaje, mi tía me dijo: “ponte a dibujar o a escribir en tu cuaderno”. Entonces le escribí al perro. En mi libro más reciente ha vuelto a aparecer. Como todo en el arte, el perro solo es un pretexto para articular lo inaudito.

Ahora que tengo consciencia de parámetros poéticos, me resulta empero más consonante, más acorde con mi visión del mundo, la transgresión de dichos parámetros.

 – Vivir la poesía desde lo personal ¿Escribes desde tus vivencias propias?

Creo que vivo la poesía desde la palabra y del pensamiento sin separarla de lo corporal, emocional o social. También mi relación con el mundo es subjetiva y muy íntima, a sabiendas de que convivir implica negociar con un sistema objetivo y un conjunto de leyes y normas a cumplir. En el momento en que se publican textos, obviamente esta relación pasa al plano público. En esta zona pública de transición o desplazamiento se pone a prueba nuestro quehacer o artefacto artístico o literario.

Calderón de la Barca y su seguidor alemán, Hugo von Hofmannsthal proyectaron esta zona relativa en El gran teatro del mundo.

Profundizar en la escritura

– ¿Has utilizado lo que te cuentan otras personas cómo para escribir sobre ello?

No. Aunque desde muy temprana edad he sido oído y piel de historias muy trágicas y, sospecho que, por esta razón, suelo detectar con mucha facilidad los agujeros negros del otro. Sin embargo, nunca he utilizado sus guiones personales en mis poemas. Las historias trágicas que cuento surgen de lo absurdo de la vida misma. O de mi necesidad de entender o aprehender la tragedia desde la palabra, es decir, de un modo más espiritual, sin mediación de algo físico.

Pienso en la tragedia de la mano de Hölderlin que esbozó un concepto poético “anti tragedia”, opuesto a la tragedia clásica. Lo trágico hölderliano / hespérico se diferencia de lo trágico griego porque carece de víctima o de muerte concreta, se da desde la palabra.

Se trata de soportar la consciencia de la escisión, de lidiar con el furor, de empalabrar lo trágico.

– Muchos escritores dicen que la escritura es fuente inagotable. ¿Crees que es así, siempre vas a tener algo que escribir o hay un límite? ¿Cuáles serían esos temas que recurres constantemente y que no dejarías de escribir sobre ello?

Sí, deseo poder leer y escribir durante toda mi vida. Siento que tanto la lectura como la escritura (me) irrigan, nutren, organizan, en tanto nos hacen consciente de estar vivos y eso es la creatividad. Pienso que los motivos escriturales nacen de una curiosa relación con nosotros mismos y el entorno, es decir, de nuestra susceptibilidad, de cuán receptivos seamos o no a la hora de tratar de entender esa relación, genealógica o no, que nos conmueve, trastorna o inquieta. El escritor y dramaturgo Friedrich Schiller hacía énfasis en esta categoría de la receptividad para explicar su concepto de belleza. Escribir es poner orden por amor, dice la poeta austríaca Ilse Aichinger. Evidentemente que por amor a la vida.

En cuanto a los temas recurrentes en mi escritura: el desarraigo primario, lo bucólico aterrador, la arbitrariedad, la tragedia.

Me interesa indagar en la psique del momento o umbral en el que la biografía de los hombres, la naturaleza de las cosas se desvía y se sale de los ejes tradicionales o natales para crear nuevas galaxias, lenguas y estrategias tan vitales, propias y ajenas, como la vida misma.

No se trata de aclarar o de enmarañar la vida, se trata de vegetar, de nutrir lo ininteligible, puesto que a eso nos debemos. ¿A dónde van mis ojos, mis oídos, mi atención? Van siempre hacia el misterio luminoso de lo incompleto o inconcluso, hacia lo paradójico o absurdo. Ahora mismo estoy en Granada, contemplo fascinada las albercas llenas de hermosos nenúfares y, ¿qué veo?: La perfecta hendidura de la hoja del nenúfar. No la flor. Y, por supuesto, la asocio con la hoja de Ginkgo Biloba, el alma partida en dos, como dice Goethe en su poema.

– ¿Qué significa la palabra poesía para ti?

Poesía es una paradoja, no sabemos qué es, pero es. Poesía es una lengua inédita, a la vez, futura y arcaica. Encarna la acción de crear y la creación per se, dicción y traducción Tramita con lo opaco u ominoso, con aquello que amilana lo conocido o familiar y tiene la propiedad de hacer entender lo que no dice. Este último aspecto nunca ha dejado de asombrarme.

Poesía también es una draga o un tractor capaz de descubrir, traducir, remover hojas de nenúfar, pantanos, abismos o resonancias.

Gustos poéticos de Geraldine Gutiérrez-Wienken. Latinoamérica y Alemania

La poeta venezolana manifiesta que no desea enumerar poetas favoritos, primero porque serían muchos y segundo porque se turnan de acuerdo a sus temas de exploración que, a veces, son muy instintivos. «Me atraen los “poetas epistolares”, esta categoría la acabo de inventar, con ello quiero decir que me interesa la poesía incompleta, la no terminada, la escrita en el tren de la vida y la crisis, es decir, viviendo, sintiendo y reflexionando, en simultáneo, como se escriben las cartas».

Se trata de una poesía a medio camino, en cierto modo subversiva y abierta a experimentar formas de traducir el mundo y sobre todo las palabras.

En cuanto al movimiento poético en Latinoamérica, piensa que se ha caracterizado siempre por ser muy vital, fresco e innovador lingüísticamente. «Cabe destacar, además, su capacidad de absorber muchas tradiciones en simultáneo ¿Cómo veo este movimiento desde Alemania? En realidad, no es mucho lo que puede observarse desde aquí. La diversidad de poesía en Alemania resulta, a veces, abrumadora, porque se corresponde con la traducción. Aquí tenemos acceso a tantas poéticas como idiomas y dialectos existen en el mundo, gracias a los traductores de poesía».

Cuenta por ejemplo, que el Festival de Poesía “Latinale” presenta anualmente una muestra de poesía latinoamericana actual. «En noviembre de 2021, tuve el honor de ser invitada a participar en este hermoso y cálido festival que tuvo lugar en Berlín. A pesar de la pandemia y de la incertidumbre del momento, resultó ser una experiencia emocionante y valiosa por el intercambio y los lazos amistosos que se generan en los festivales de poesía. Conocí poetas fabulosos y poéticas fuera de serie procedentes de Argentina, Brasil, Chile, Cuba, Perú y México», enfatiza.

La poesía latinoamericana sigue estimulando la crisis y ejerciendo la crítica frente a las injusticias, las enfermedades y las adversidades de nuestro siglo XXI.

Cree, además, que corre riesgos asombrosos en cuanto a lenguaje, a ritmos, a formas e imágenes en aras de vulcanizar, de provocar un nuevo Nuevo Mundo.

– En este contexto que estamos viviendo de Pandemia ¿Cómo ha sido tu conexión con la escritura?

No podría distinguir – por lo menos todavía – de qué manera ha influido la pandemia en mi conexión con la escritura. Sin embargo, no creo que me haya conectado más con ella que de costumbre, ni que haya tenido menos o más tiempo para escribir. Mis oficios como traductora y editora me han entrenado o hecho más consciente de mis tiempos, digamos más íntimos, tanto de lectura como de escritura.

Vivo siempre ensayando estrategias de equilibro, mientras aprendo el arte de perder algo cada día, como dicta la poeta norteamericana Elisabeth Bishop.

–  Publicar por primera vez ¿Te costó mucho?

Tuve la fortuna de ser tallerista del poeta Harry Almela (Caracas 1953 – Mariara 2017) en el Celarg. Harry, además de poeta faro, fue un apasionado lector y editor de poesía. Había estudiado Edición en Barcelona, España y fundado la editorial La Liebre Libre en Maracay, Venezuela, junto a un grupo de poetas. Algunos de sus talleristas publicamos en la Colección “Cantos Iniciales” de dicha editorial. Mi primer libro “Espantando elefantes” salió en 1994.

En resumen, puedo decir que no me costó publicar, pero si me dio miedo.

Tanto que seguí escribiendo, pero no volví a publicar sino 13 años después, y esto, gracias a la insistencia de una gran amiga que leía mis borradores.

Publicaciones de Geraldine Gutiérrez-Wienken

  • Espantando elefantes (La Liebre Libre, 1994) agotado
  • Castañas de confianza, (Editorial Eclepsidra, 2013)
  • Con alma de cine (Ciudad Real, España, 2007) agotado
  • El silencio es una bailarina (El Taller Blanco 2020, Colombia, Alción, Argentina 2021)

 

Una mínima selección de los cuatro libros puede leerse en la antología de LP5: En la desnudez de la luz. Poetas venezolanas de la década del sesenta. Selección de Gladys Mendía y prólogo de Carmen Virginia Carrillo. Descarga la antología aquí.

Además pueden leer cuatro poemas inéditos y una reseña del poemario El silencio es una bailarina por Carmen Canet en Revista Latin American Literature Today, Estados Unidos.

Lee también: Indira Páez se alza con el Premio de Poesía Ciudad de Las Palmas

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