DestacadosMónica Montañés: "Yo siempre escribo sobre la mujer"

Mónica Montañés: «Yo siempre escribo sobre la mujer»

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Cuando pienso en Mónica Montañés se vienen a la mente los poemas de la poeta nicaragüense, Gioconda Belli, donde la mujer es la protagonista, una visión del mundo desde la perspectiva de la mujer. Del yo femenino con sus conflictos y contradicciones. Uno de esos poemas es Consejos para una mujer fuerte, un fragmento: «Si eres una mujer fuerte protégete con palabras y arboles e invoca la memoria de mujeres antiguas…»

Mónica Montañés es uno de los dramaturgas más destacadas en la escena cultural venezolana. En sus obras siempre está presente el universo femenino, conectando a los espectadores a las vivencias cotidianas y al sentir de la mujer en sus múltiples facetas. Es un dramaturga que muestra y le interesa mostrar también temas sociales, siempre desde la perspectiva femenina.

Su carrera no solo se destaca como dramaturga sino como guionista de televisión y cine. De esta manera el nombre de Mónica Montañés se hace presente como referencia en la cultura venezolana. Con sus novelas Guerra de Mujeres, Voltea pa’ que te enamores, ​Válgame Dios y Para verte mejor, entre otras.

Cabe destacar que la autora en el 2020 publicó el libro infantil «Los distintos» editado por Ekaré e ilustrado por Eva Sánchez. El cual  fue reconocido por la New York Public Library, la Fundación Cuatrogatos, el Banco de libro y The White Ravens como uno de los cuentos infantiles más destacados de 2020. Y este año el libro fue editado y y traducido al inglés con el titulo «Diferent» en Estados Unidos.

Los «distintos» por Mónica Montañés

La escritora venezolana vive actualmente en Madrid y su más reciente obra “Desconocidas” es  finalista en el Smartphone International Film Festival. Obra que escribió especialmente para Zoom, bajo la dirección de Luis Fernández y con Mimi Lazo en el papel protagónico y que se puede ver en mimilazo.net. “Comencé a escribir esta historia por pedazos, mientras cursaba un Máster en Artes Profesiones Artísticas en Madrid, y durante esos años estuve trabajando en solo dos temas: mujeres, y migración”, manifestó Montañés en una entrevista para El Pitazo. 

Su obra el «Aplauso va por dentro» es la obra venezolana más montada tanto en Venezuela como en el exterior.  En 26 años cuenta con aproximadamente 7.000 funciones. En El- Teatro, la entrevistamos para indagar sobre la dramaturgia, sus procesos en la escritura y sus temas de interés.

Mónica Montañés / Foto de Lisbeth Salas
Mónica Montañés / Foto de Lisbeth Salas

-Cuando comenzaste a escribir dramaturgia ¿Qué te inspiró hacerlo? ¿Qué influencias y referentes tuviste?

Mi primera obra de teatro es «El aplauso va por dentro» y se la escribí a Mimí Lazo, después de hacerle una entrevista donde ella me decía que uno viene al mundo con el deber de cumplir sus sueños y en la que hablamos de la mujer que ella era realmente. Esta entrevista fue a finales de los años ochenta y Mimí para ese entonces era una rubia que estaba buenísima y solo le daban papeles de rubia tonta, así la veían.

Éramos amigas y yo sabía realmente que era otra mujer. Una mujer batalladora, luchadora, trabajadora que mantenía  a su hija sola, madre soltera, como tantas. Además mantenía a su mamá, a sus hermanos. Ella quería habla de eso,  de la mujer que era  realmente. Para mí esa es la mujer venezolana.

Me inspiró el hablar de nosotras y de las injusticias que seguíamos viviendo como género en todo. Yo ya había estudiado dramaturgia y actuación de teatro con el Grupo Actoral 80, con Ricardo Lombardi, con Ada Nocetti. Guion de cine con David Suarez, Jean-Claude Carrier, influencias maravillosas. Más todo el teatro que yo había visto, me inspiraron. Mis referentes Román Chalbaud, José Ignacio Cabrujas, Chocrón, Rodolfo Santana, Ibsen Martínez, Juan Carlos Gené.

«Uno es producto de todo lo que ha leído, visto y estudiado»

El lenguaje y la creatividad

-Cada medio tiene su propio lenguaje, su ritmo. El teatro tiende ser más libre que la TV que es un negocio más de «institución» donde los números mandan y es más reducido en cuanto a la creatividad ¿Estás de acuerdo o nunca te has visto limitada en ninguno de los dos formatos?

Cierto, cada medio tiene su propio lenguaje y ritmo. Podría decir que el teatro es más libre que la televisión porque el teatro uno lo escribe para uno, por uno mismo. Escribir teatro es una necesidad, como respirar para el dramaturgo. Escribir eso que se te ocurrió, el darle vida a esos personajes que te están torturando en el sueño, en la calle, en todos lados, porque de lo contrario te vuelves loco o se te nota más la locura.

El teatro lo escribes para ti, a tu ritmo, no tienes un jefe esperando, no hay nadie esperándolo realmente, nadie. Puede que no sea libre del todo porque uno puede ser un jefe despiadado, un jefe muy exigente, un jefe que juzga todo. También depende de cómo seas tú mismo como escritor y como te trates a ti mismo. Pero es para uno y es tu momento de drenar tus monstruos hacia afuera.

Ahora la televisión tiene otras cosas, en la televisión pasa lo siguiente; es un negocio y tú tienes la obligación de ser exitoso y ya está. Entonces es muy «heavy», tienes que conquistar a la competencia feroz. Y tienes esa doble contradicción que por un lado es arte; todos los que trabajamos somos artistas. Escritores, productores, escenógrafos, vestuaristas, actores etcétera, pero los jefes no, tienes que lidiar con unos ejecutivos.

Yo tuve la suerte que durante muchos años tuve unos jefes en Venevisión extraordinarios. Yo trabajé para César Miguel Rondón y Manuel Grijalba, hombres que no solamente saben un montón del oficio, sino que son absolutamente respetuosos de mi trabajo. Pero ahora que estoy en un mundo diferente, los ejecutivos ¡Madre mía! Y las cosas que te exigen… Es un juego macabro, dónde está la verdad, dónde está el éxito. Se supone que los ejecutivos saben qué cosa va a funcionar, sin embargo, es extraordinario, cuando logras colarte y le cuentas al mundo una historia que va a ser vista en una pantalla, así sea de teléfono o computadora es maravilloso.

Desafíos y búsqueda en las historias

Mónica Montañés / Foto de Unión Radio
Mónica Montañés / Foto de Unión Radio

– Desafíos cómo autora. A lo largo del tiempo la búsqueda se vuelve más profunda. ¿Estás siempre en la constante búsqueda de estímulos que resulten apasionantes en tus historias, nuevos lenguajes?

Sí, es así. Más que buscar estímulos, uno sale a la vida esperando toparte con el estímulo que te lleve a escribir, porque eso es lo que nos mantiene vivo. Cuando eres más joven ese montón de estímulos casi que te están cacheteando todo el día para que escribas. Después no es que seas más selectiva, es que ya hay muchas cosas que contaste.

yo no tengo ningún problema en reiterar, yo siempre escribo sobre la mujer y no me importa.

Esto a lo mejor va a sonar engreído, pero ahorita aquí en Europa está el furor del empoderamiento femenino, de los temas de la mujer, y “a mí no me jode nadie” y el movimiento «Me too». Como venezolana me da risa y me da orgullo porque nosotros tenemos  casi treinta años hablando de ese tema. Y no solo “Con el aplauso va por dentro”. Yo escribí una novela “Voltea pa’ que te enamores” donde la protagonista no termina cansándose vestida de novia, sino graduándose vestida con su toga y birrete. Reto a ver si eso ha pasado en otra historia, una historia romántica que no termina en una boda, sino en la realización personal de una mujer.

La mujer fuente inagotable de inspiración

– Temas recurrente, es decir tu sello personal en cada una de tus piezas ¿Qué te motiva y qué temas no has tocado en el teatro que te gustarían abordar?

La mujer, el embarazo precoz, la paternidad irresponsable. En teatro siempre son mujeres. Además el atreverse a buscar la felicidad por el camino que elijas y cómo no nos atrevemos por miedo a dejar de ser queridos por nuestros padres, pareja, familia,  amigos. Los miedos, la culpa…

Siempre me uso a mí misma y a la gente que me rodea como la arcilla para moldear mis personajes. Por ejemplo en esta época de la migración porque nunca jamás en la vida había habido tantos millones de desplazados. Lo dice Edward W. Said en su ensayo Reflexiones sobre el exilio y otros ensayos literarios y culturales: “Esta es la era del emigrante”. Los poderosos del mundo no quieren sentarse a ver cómo solucionan el problema que evidentemente no se soluciona haciendo muros y creando impedimentos. Hay un tema inmenso que hay que resolver como seres humanos, creo que estamos lejos de la solución porque ningún político está pendiente de eso:

Para mí como escritora me apasiona y me parece que es mi responsabilidad mostrarlo y luchar contra la indiferencia.

En ese sentido yo sí estoy buscando nuevos temas. Menos mal que la mujer es un universo inmenso, contradictorio y fantástico.. Ahora me interesa el tema de la mujer inmigrante, ¿Es igual emigrar siendo hombre que siendo mujer? ¿Emigrar siendo padre que siendo madre es lo mismo? Además de todos los problemas que enfrentamos las mujeres en este mundo, evidentemente hecho para hombres.

Emigrar es un «temazo», no solo venezolano. La cantidad de millones de inmigrantes que hay en este momento por ejemplo: los ucranianos, pero no dejan de estar los africanos, los que vienen en patera desde África, no es solamente que no los dejan entrar es que también los matan y a nadie le importa, bueno a mí sí me importan igual que a muchos.

La dramaturga Mónica Montañés

Mónica Montañés / Foto de El Universal
Mónica Montañés / Foto de El Universal

-¿El teatro tiene una función moralizadora o pedagógica o al contrario no condena, no avala conductas?

Yo no considero que el teatro tenga una función moralizadora ni pedagógica. Tampoco que sea una cosa que no condena y no avale conductas. Considero que el dramaturgo escribe lo que necesita escribir. Y el director elegirá una pieza que necesita montar. Es un tema de necesidad, necesidades como dramaturgo, si persigues una utopía y necesitas que tu pieza de alguna manera cambie para mejor, magnífico.

Cada quien que haga lo que necesite hacer en el teatro.

-Cómo es la Mónica Montañés a la hora de escribir una obra de teatro o novela ¿Te aíslas, te encierras por meses? ¿Cuáles serían esos hábitos particulares?

La Mónica Montañés que se sienta a escribir, es la Mónica de todos los días, la que tú conoces, la que conoce todo el mundo, porque siempre estoy escribiendo, siempre. Y no, no me encierro meses, o sea yo puedo pasar cuando estoy escribiendo ocho, diez horas diarias escribiendo.

No me encierro porque para mí la vida, la gente, la calle, la acera es lo que más me inspira. Lo que no hago es salir de rumba porque no me da tiempo.

-Sé que has dado talleres de escritura tanto en Caracas como en Madrid. Esa función pedagógica tan necesaria para la formación. ¿Cuáles serían esas herramientas básicas para los que se inician en la dramaturgia?

Sí, he dado talleres de escritura, tanto aquí en España como en Caracas. Estuve veinte años con mi taller que se llamaba “Cómo echar un cuento que va a ser visto” y aquí en Madrid di uno que se llama “Recetas para contar tu historia” que también se dio en Miami en la librería Imago, que es una maravilla. Soy una privilegiada porque más que jefes he tenido maestros y tuve la oportunidad de estudiar con gente maravillosa en los años 80 y 90.

Siento que me corresponde transmitir lo que yo he aprendido a otros.

Para los que se inician en la dramaturgia, lo básico es ir mucho al teatro, disfrutar de esa magia de ver un texto y a los personajes cobrando vida sobre el escenario a milímetros de ti. Leer dramaturgia, hay mucho teatro editado. Por ejemplo obras que te hayan gustado, buscar el texto, a ver cómo lo vio el escritor, cómo se transformó, o qué transformaciones sufrió ese texto para llegar a escena.

Es decir, no es lo mismo escribir para ser leído que escribir para ser visto. Leer muchos clásicos, y también mucho teatro contemporáneo, para saber de dónde venimos y para saber que está pasando. Hacer talleres, yo hice todos los talleres que pude mientras estudiaba comunicación social en la universidad, estudié actuación, dramaturgia, guion. Creo que así es como uno va aprendiendo.

Y luego de haber estudiado mucho, escrito, probado, equivocado, vuelto, tener la desfachatez, el descaro de buscar un grupo que te quiera montar y decir: “Aquí estoy, lean mi pieza”.

-¿Has querido o lo has hecho. Esconderte y escuchar los comentarios del público al salir de tus obras de teatro?

Lo he logrado muchas veces, o sea escuchar que dicen. Por ejemplo con “El aplauso va por dentro” siempre se forma como una suerte de foro después de la función. La gente se acerca a Mimí Lazo o a mí a decirnos qué le pasó con la obra, qué sintió, en qué parte se ven reflejados o nos confiesan ese miedo inmenso a la soledad que representa el personaje de Valeria. También de hombres sinvergüenzas que han llevado a varias mujeres en distintas funciones para conquistarlas, para que crean que son feministas, nos ha pasado de todo, he escuchado cosas maravillosas.

«El aplauso va por dentro» y casi toda mi obra está escrita en tono de comedia, eso me ha permitido escuchar la risa del público, mientras la pieza transcurre y te da un alivio enorme porque sientes que está gustando. Con el drama no pasa eso, puedes sentir la tensión, la respiración del público, no obstante no tienes la certeza si está gustando o no. Y ahorita estoy escribiendo puras cosas dramáticas así que bueno, ni modo.

«El aplauso va por dentro»

"El aplauso va por dentro"
«El aplauso va por dentro»

-Tu obra “El aplauso va por dentro” es la más famosa, la más recordada y la más montada de tus piezas ¿Eso ha sido para ti una dicha o has llegado el punto que ya quisieras que otras de tus obras tengan la misma repercusión?

Efectivamente, «El aplauso va por dentro» es mi obra más exitosa y también es la obra de teatro venezolano más exitosa, con mayor número de representaciones y de espectadores. Para mí es un inmenso privilegio que eso haya ocurrido, es decir tiene que coincidir mágicamente una necesidad tuya como escritor y la necesidad de escribir algo, de hablar de algo y que coincida con una necesidad del público.

Cuando a uno le preguntaran qué quisieras ver en una serie, no tienes ni idea, uno sabe lo que quiere ver, cuando lo ves sabes lo que quieres ver. Con «El aplauso va por dentro» es un milagro que se ha mantenido durante veintiséis años. Mi primera pieza, yo no sabía nada, no sabía lo complejo que era alcanzar el éxito de esa magnitud. Ya sé lo que es el éxito en el teatro y en televisión con “Voltea pa` te enamores” por ejemplo. Ya yo sé. Ahora yo puedo escribir sin presión de alcanzarlo, ahora siento una libertad enorme.

El reconocimiento

-Al final el dramaturgo es vocación, lenguaje propio, reconocimiento y tener trabajo ¿Lo consideras así?

Qué bonito como defines al dramaturgo. Vocación por supuesto y una necesidad imperiosa de escribir, de contar, expresarte. De exorcizar tus monstruos a través del texto, por lo menos en mí caso. Así que creo que si no escribiera me volvería loca o se me notaria más la locura. Suelo tener mucho más obras escritas que montadas, escribo todo el tiempo.

Conseguir un lenguaje propio es una meta que creo que tenemos todos los que escribimos. Que la gente al ver un texto o ver una obra sin saber quién la escribió sepa que es tuya, ese es uno de los mayores halagos que me hacen cuando me dicen: “Este texto tuyo”. Incluso en tv tener un lenguaje propio es una meta.

Uno de los tantos problemas que tiene la migración es el hecho de que a lo mejor aunque sigas escribiendo en español, nuestros “españoles” no son lo mismo si tienes que escribir para España, México o Argentina de alguna manera tienes que “traducirte” con expresiones, formas de hablar, tiempos de verbos que son distintos, corres el riego de que ese lenguaje propio que te tomó tanto tiempo alcanzar se empiece a diluir. Sin embargo, la “universalidad” siempre va estar ahí, tú forma de abordar los personajes de profundizar en los temas, de esquivar, de buscar la risa, las lágrimas, conmover.

Uno sigue estando ahí aunque seas traducido a otros “españoles”.

El reconocimiento no es obligación, hay miles de dramaturgo que no tienen reconocimiento y a otros que tienen muchos reconocimientos como en mi caso en mi país, Venezuela, afuera no tanto. Hay países donde no me conoce nadie y creo que emigrar es un ejercicio de humildad inmenso. Ya yo he tenido la experiencia del reconocimiento y lo que conlleva, es maravilloso, agradable. Es el resultado de mucho esfuerzo, pero también el no ser reconocida me permite explorar y hacer cosas que a lo mejor no me hubiera atrevido por culpa de ese reconocimiento.

Es importante seguir conquistando nuevos reconocimientos, eso es otra meta bonita para seguir viva y trabajando.

Ahí están las plataformas de streaming que son una puerta para las personas que vengan del teatro y dominen la dramaturgia. Un dramaturgo para mí es una persona que tiene una tara como todos tenemos, y esa tara la hace necesitar escribir textos que van a ser vistos y no leídos. Que tus personajes cobren vida sobre un escenario más allá de un papel, que sean interpretados por actores y que tu propuesta sea redimensionada por un director. Para mí es un oficio extraordinario. Vivir del teatro es mucho más difícil, lo ideal sería poder seguir viviendo de escribir.

-¿Proyectos teatrales que puedas mencionar que estés haciendo en Madrid actualmente o a futuro?

En cuanto a mis proyectos teatrales aquí en Madrid por ahora no he logrado colarme, para que mis piezas sean montadas, pero ahí voy. Pienso que hay tiempo de siembra y de cosecha. Tenemos ahora la plataforma de mimilazo.net donde se está presentado “Desconocidas” que es un texto mío, teatral que Luis Fernández dirige en un formato nuevo que no tiene nombre para mí. Donde estás en contacto con el público nuevamente así sea por Zoom, no es igual que la sala en vivo, pero es una opción.

La verdad es que estoy súper contenta con todo lo que le ha pasado y sigue pasando con “Desconocidas”. Tanto en los festivales donde se ha presentado y ha ganado premios, como en las presentaciones en la plataforma donde hay un feedback en el público.

También con la obra “La Llamadita” que dirigí en el microteatro de Caracas. La pieza ha girado por Miami donde fue premiada en el festival de microteatro de Miami. Se ha presentado dos veces en el microteatro de Barcelona y en el microteatro de Buenos Aires.

Escribo, escribo, escribo a ver qué pasa. Para mí es una suerte ser escritora porque me permite hacer lo que más amo, donde quiera que esté y no importa lo que pase. Hay que disfrutar el proceso completo y si luego resulta que se monta ¡Guau, maravilloso! Pero si no, no pasa nada, porque disfruto muchísimo escribiendo.

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