España

La voz dormida: «Aún queda mucho por arreglar del daño de la posguerra”

Hay historias que conmueven. Otras que arrasan con el alma. No importa si se es de un bando o de otro. Así se distingue y sobresale de un teatro somero, la fuerza del ánima escénica de La voz dormida, que es más bien un teatro que despierta.

«Aún queda mucho por arreglar en España del daño hecho durante la posguerra», decía la actriz Laura Toledo, durante la rueda de prensa de este monólogo que ha rodado durante dos años con un mensaje potente que se centra en el periodo de la posguerra española.  La artista obtuvo el Premio como Mejor Interpretación Protagonista en la 28 edición de los galardones de la Unión de Actores por esta pieza.

Y no es para menos. Al escenario asciende ella sola siendo Pepita Patiño, y otra decena de voces femeninas que se encarnan en una sola persona. Junto con ella, en el centro, una máquina de coser que lo representa todo: la feminidad, los valores machistas del pasado, el autoritarismo del hombre y del franquismo, la reconstrucción necesaria, y un sin fin.

A este están atados hilos que cuelgan de las esquinas del escenario y que mantienen activo, constante, al espectador, sin que haya minuto para despegar la mirada de la magia que hace Toledo al dale voz a un grupo de mujeres. Damas que fueron encarceladas en la prisión franquista de Ventas, en Madrid, donde fueron humilladas y torturadas por tener algún tipo de relación con algún republicano, o comunista.

“Realmente queríamos contar una historia de amor, pero desde un personaje que no entendiera de banderas, sin posicionarnos en uno u otro bando, pero entendiendo que lo que pasó fue una tragedia”, explica Toledo.

En esta búsqueda, hace par de años la actriz Cayetana Cabezas, llamaba al equipo para ofrecerles el monólogo basado en el libro homónimo que Dulce Chacón publicó en 2002, y del que hace unos años se hizo una película. Para hablar de algo que aún en la actualidad a muchos españoles les cuesta hablar. El período negro o gris de la madre patria, tras la Guerra Civil.

La poeta y narradora Inma Chacón ha reivindicado esta historia escrita por su hermana gemela y ha acompañado el proceso desde el principio. Dice ser solo una espectadora pero tiene mucho qué decir.

«Parece que las mujeres tenemos mucho qué decir», asomaba Cabezas, con elegancia.

La voz dormida tiene un mensaje para recordar el pasado, porque hay peligros acechando la democracia en España, partidos como Vox”, ha lanzado Chacón.

“Hoy más que nunca hay que volver a escuchar esta historia, en vista de que hay peligros acechando la democracia como Vox, pero también hay que contarlo a nuestros jóvenes porque algunos de ellos se están apuntando a ese partido sin conocer la historia”, dice Chacón. Insiste en que “los ciudadanos deben pedir a los partidos políticos que respeten la democracia”.

La voz dormida es una obra coral, contada por una sola actriz, pero que narra la historia de miles de voces calladas durante muchas décadas, de una España negra, oprimida y aplastada, por eso debemos exigir democracia a todos nuestros políticos y la obra reclama eso, pero desde el amor y desde la comprensión del otro”.

El director Julián Fuentes coincide en que “aún queda mucho por resolver de lo vivido en España en esa época”.

“Es grave que no podamos contar la historia de nuestro pasado y nuestra identidad. Pero cada vez la obra cobra más sentido si hurgamos en la historia política de nuestro país”, afirma.

“Hay un posicionamiento y una conciencia de la idea de que existe un bando ganador y otro perdedor, cuando todos perdimos, hay que acabar con la idea de los dos bandos y dejar de utilizar la crispación como instrumento político, entender que tenemos la voluntad de convivir democráticamente y en paz”, añade el director de la pieza que cumple dos años de gira por los teatros nacionales y que fue llevada al cine en 2011 por Benito Zambrano.

Sobre esto, Chacón reclamaba: «¿Cómo es posible que hoy en día todavía existan fosas de muertos, huecos con gente que mataron? Yo he visto abrir una fosa con ocho muertos y es terrible, muy doloroso. Ya hay que acabar con esto».

La voz dormida cuenta con la música de Luis Paniagua y la iluminación de Joseph Mercurio.

Las mujeres pierden doble

Cabezas, a cargo de la dramaturgia y de la asistencia de dirección, afirma que “la obra es una forma de hablar de las mujeres que durante años han tenido miedo de hablar”.

“Durante las guerras siempre hay perdedores, yo diría que casi todos pierden aunque sea la capacidad de empatizar con el otro, la libertad, las garantías, pero las mujeres pierden doble».

«Esas mujeres perdieron sus derechos como mujeres o como republicanas. Y esto sigue ocurriendo a nivel mundial. Las mujeres siguen siendo moneda de cambio en el mundo. Por eso es necesario hablar de su fragilidad y de su fortaleza en un territorio de guerra o posguerra”.

Así, Cabezas ha contado que el equipo de producción y artístico ha recurrido a las abuelas y familiares que vivieron la posguerra para incluir “la emoción de esas anécdotas” en la obra. Además, también viajaron a las ciudades y pueblos de las protagonistas del libro.

Chacón indica que “la sociedad ha alcanzado muchos derechos y su deber es conservarlos, pero especialmente las mujeres”.

“Hemos obtenido derechos que nos ha costado mucho lograr desde el punto de vista occidental y eso lo cuenta Pepita, que es un personaje al que le han quitado la posibilidad de estar con su marido durante años pero también le quitan el derecho de tener hijos”, ha concluido.

Fotografías cortesía Carlos Caldero
Agradecimientos a Carlos Caldero

 

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El teatro que quiero ver

Gran puesta en escena de Julián Fuentes y versión de Cayetana Cabezas, que Toledo sabe expresar con inocencia, con fuerza, con magia. Sabemos a qué bando pertenecen los que la rodean, pero también sabemos que ella está libre de culpas. Vemos a Pepita humana, queriendo alejarse de la política para estar con sus seres queridos, con quienes nunca puede estar.

Lo único que destruye la estética y rompe con la mística es la camiseta que dice «pasado, presente, futuro» que no es más que una obviedad innecesaria, porque la puesta en escena final, con la simbología que recae en la mesa de coser es más que comprensible y potente.

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