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Muere Peter Brook, la leyenda que revolucionó la escena teatral

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«Hazme descansar para siempre», se escucha en ‘Moderato Cantabile’ por intercesión de una Jeanne Moreau más grave y rota que nunca. La película, que Peter Brook dirigió en 1960 a seis años vista de que sorprendiera al mundo con su montaje ‘Marat/Sade’, valdría ella sola para justificar una vida entera y, sin embargo, apenas es una nota al pie de la existencia desmesurada de una leyenda que se avergonzaba de ser considerado precisamente eso, una leyenda.

«Me veo más bien como si estuviera en la cocina y sobre la mesa tuviese un montón de ingredientes. Entonces, comienzo a cortarlos, usarlos, mezclarlos… y retiro lo que va sobrando. De esa forma, la simplicidad viene sola. Sólo tienes que separar lo innecesario», confesaba Peter Brook a este periódico en 2016 en una de sus muchas visitas a Madrid (hasta 11 veces participó en el Festival de Otoño). Y ahí, exactamente en la misma humildad de gigante con la Michelangelo se confesaba no tanto escultor como notario de lo que sobra en la piedra, Brook daba la perfecta medida de lo inconmensurable de sí mismo.

El sábado falleció a los 97 años y su legado no conoce límites ni en lo que atiene a su influencia (junto a Constantin Stanislavski, a los dos les pertenece la escena el siglo XX) ni geográficos (su curiosidad le llevó por todos los continentes y culturas a la búsqueda de los que nos une a todos) ni espirituales (su tratado de teatro ‘El espacio vacío’ tiene mucho de dietario existencial y profundamente ético). «Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo escenario. Alguien camina por este espacio vacío mientras otro observa, y eso es suficiente para que se inicie el acto teatral», se lee en las primeras líneas de su libro convertido con el paso del tiempo en Biblia.

Si hubiera que quedarse con una obra de todas las que produjo, inspiró o simplemente provocó, quizá la más notoria, por su monumentalidad, sea su versión de el Mahabharata’Brook transformó en nueve horas de relámpago el poema épico monumental hindú en 1985. Y de la batalla sobre el escenario quedó una lectura desangrada de la violencia tan perfectamente actual como eterna. «Crecí en un mundo en el que la violencia siempre estuvo presente. Ahora nos golpea de una forma tan cercana que creemos que es algo nuevo, pero el Mahabharata fue escrito hace 5.000 años y poco ha cambiado. Ahí seguimos», comentó tiempo atrás.

Hijo de judíos rusos emigrados a Inglaterra, se formó en el prestigioso colegio St. George. Luego llegarían los no menos nombrados Westminster School, Escuela Gresham y la Universidad de Oxford. En 1943, con sólo 18 años, debutó en Londres con el Doctor Faustus de Marlowe. Y acto seguido renovó Shakespeare desde la esencia misma de Shakespeare. Dejando fuera prejuicios, honores, lecturas heredadas y trampantojos más o menos pomposos. Lo hizo, eso sí y para que no quedaran dudas, desde Stratford-upon-Avon, la cuna de Shakespeare.

Peter BrookShakespeare desde Shakespeare

«Lo que hay que hacer con Shakespeare es acercarse a él como si fuera la primera vez, olvidándote de las reglas y las tradiciones. Igual que con la ópera. Nunca deben parecer piezas de museo, sino algo vivo», confesaba en la misma entrevista de antes a este periódico. Y como prueba de que la frase fue desde el principio declaración de principios, sus colaboraciones con la Royal Shakespeare Company están ahí para, en efecto, dejar constancia de la norma de quebrar normas. John Gielgud (Medida por medida), Laurence Olivier (Tito Andrónico) o Paul Scofield, con su revolucionario Rey Lear, son algunos de los actores que junto a Orson Welles o Helen Mirren pasaron por sus manos para transformar la mirada y hasta las mismas manos de todos nosotros. Fuera polvo, adiós a las reverencias. Según Brook, Shakespeare es «el filtro por el que pasa la experiencia de la vida».

A mediados de los 60, alcanzó la mayor de las glorias desde el mayor de los asombros con su propuesta de ‘Marat/Sade’ sobre la obra de Peter Weiss que él mismo se encargó de convertir con energía y la heterodoxia debida al lenguaje del cine. No le era nada nuevo, su solvente lectura de ‘El señor de las moscas‘, de William Golding, había sido su segundo trabajo para la pantalla tras la definitiva y ya citada ‘Moderato Cantabile’ según el texto de Marguerite Duras. A finales de los 60 surge su delirante y perfecta producción de El sueño de una noche de verano (1970) en un cubo blanco inmaculado, vacío y, sin embargo, sorprendentemente lleno de vida.

En los 70, junto a Michelin Rozan, Brook funda el International Centre for Theatre Research, un centro de investigación teatral abierto a los conocimientos de Oriente Medio y Asia. El Brook que se niega a ser leyenda ya empieza a serlo. Y para siempre. Acto seguido, crea en París el Théâtre des Bouffes du Nord. y lo que era un espacio en ruinas se convierte en templo. Hoy sigue siendo la casa de algunos de los creadores contemporáneos más relevantes.

Marcia Ditman y Peter Brook. Teatro Experimental de Cali. 1980

De su curiosidad infatigable y de sus viajes por el mundo extrajo obras como La Conférence des oiseaux (1979) y, sobre todo, el Mahabharata. «No creo en el colonialismo cultural. Como sociedad blanca no tenemos un arte o un teatro superior al de lugares del mundo como África y Oriente Medio, simplemente nuestro discurso es un fragmento de este arte. En Japón y en África se expresan de otra forma, con una gran claridad y libertad, incluso podría decir que allí hay actores superiores a los ingleses o franceses. Lo importante es compartir», dijo.

«Toda mi vida, lo único que ha contado, y por eso trabajo en el teatro, es lo que vive directamente en el presente«, añadió en otra entrevista a France Press. En 2019 recibió en Oviedo el premio Princesa de Asturias de las Artes. «Hazme descansar para siempre», se escucha en ‘Moderato Cantabile’.

Con información de El Mundo
Fotografías de Clandestino Actores, El Mundo (Peter Brook en el camerino de los Teatros del Canal) y Memoria de la Escena Teatral Caleña. 

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