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«El bramido de Düsseldorf» confronta al espectador entre la verdad real y la ficcionada

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El grupo teatral venezolano Deus Ex Machina vuelve a la escena teatral caraqueña con la pieza El bramido de Düsseldorf del dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco. Una obra que destaca por la autoficción, donde el autor juega permanentemente con la verdad la real y la ficcionada

La pieza fue escrita en 2016 y narra la agonía y muerte del padre del propio Sergio Blanco en una clínica de Düsseldorf, en Alemania. El dramaturgo acude junto a su padre con el fin de abordar un proyecto que el espectador no podrá saber con exactitud.



El autor te envuelve entre verdades y mentiras con una habilidad narrativa y dramática a través de un humor muy inteligente. Con reflexiones sobre la muerte, Dios, el teatro, el amor, el arte, la pornográfica es decir la vida y lo que nos hace ser humanos. Con la dirección de Rossana Hernández y la actuaciones de Elvis Chaveinte, Djamil Jassir y Carolina Torres. Deus Ex Machina se presenta en el Trasnocho Cultural luego de los éxitos de Tebas Land y La Ira de Narciso escritos por el mismo autor.

Sergio Blanco

Sergio Blanco / Foto de Diario Crítico

En su cuenta de Facebook el autor manifestó: «La semana que viene se estrena en Venezuela  El bramido de Düsseldorf, dirigida por la reconocida directora teatral Rossana Hernández quien se ha transformado con esta puesta en escena en la artista que más textos de mi autoría ha dirigido. Increíblemente no la conozco personalmente, solo hemos hablado por teléfono 1 o 2 veces en todos estos años, pero tengo la impresión de que es una de las personas que más conoce mi obra. Es decir mis miedos, mis dolores, mis felicidades, mis dudas, mis dichas y des-dichas… Rossana conoce tanto mi escritura que creo que hasta logra leer mis silencios, es decir aquello que nunca he escrito. Me gusta que sea una mujer quien más se adentre en mis piezas. Me gusta que sea una mujer quien re-escriba en escena mis textos. Me gusta que sea una mujer quien demuestre que la autoficción es hablar de los otros y de las otras … La delicadeza de su voz y la contundencia de su correspondencia develan a un ser exquisito, de un gran refinamiento, de una gran inteligencia, de una cultura excepcional y de una sensibilidad extraordinaria».

 Rossana Hernández

Rossana Hernández / Foto de Shonny Romero

-El autor Sergio Blanco para los que han visto sus obras ya tiene un sello y se caracteriza por la autoficción. Esta es la tercera obra que diriges de él ¿Qué desafíos encontraste cómo directora?

-Es la tercera pieza de Sergio Blanco y es un desafío dirigir en las circunstancias que nos encontramos, sobre todo en el contexto de nuestro país. Fue un esfuerzo titánico sacar adelante la producción, afortunadamente contamos con el apoyo de la embajada de Francia entre otros colaboradores para que fuera posible.

Hemos ido creando una relación con el autor que valoramos mucho, que nos acerca, además nos permite trabajar sobre enfoques interesantes, el reto que nos plantea las autoficciones de Sergio

-En esta ocasión El bramido de Düsseldorf relata la agonía del padre de Blanco enfocada en esa relación entre padres e hijos. Me parece hermoso la manera tan real de plantearlo de una manera que no es edulcorada, sino bastante humana con su luz y oscuridad. Eso es quizás es una de las cosas que más me cautivaron de la pieza, sin embargo nos presenta personajes y situaciones crudas, oscuras difíciles de asumir.



El desafío es acompañar el riesgo que toma el autor al tocar esas temáticas (la muerte, la pornografía, el terrorismo entre otros). La revisión que él hace de la sociedad contemporánea, con lo que tiene que lidiar y con lo que tiene que relacionarse. Además poner mi propia voz y nuestra voz como agrupación en relación a estos temas. Porque creo que hemos encontrado una gran afinidad con este autor, precisamente por las temáticas que aborda que nos inquietan al trabajar sus textos. Es un trabajo desafiante pero a la vez muy interesante, entretenido y lúdico por eso es que sigo trabajando sus textos.

-¿Por qué montar esta pieza en particular donde el autor juega permanentemente con la verdad real y ficcionada?

-Luego de haber montado Tebas Land y La Ira de Narciso me parecía muy interesante continuar profundizando en esta línea de investigación. Me parecía fascinante la idea de encontrar esas relaciones que existen en las tres piezas, la estructura que van armando entre sí. El juego que propone el autor, y ofrecerle al público la posibilidad de que también armen su propio rompecabezas. Así como también encontrar esos puntos de conexión que puedan disfrutar como lo hice yo cuando leí la obra.

-El tema de la verdad y de la mentira creo que con el trabajo que he venido realizando nos dimos cuenta como grupo que lo que dice Sergio con la obra:

 «es que no importa lo que es verdad y lo que es mentira, lo que importa es que el espectador termina viendo la representación de su propia verdad».

-¿Cómo fue el proceso de darle tú a la puesta en escena?

-La obra no hace acotaciones en cuanto a escenografía, lo cual te da una libertad enorme para crear, sin embargo en el texto va apareciendo lo necesario, eso que necesitas como director para trabajar. Yo si quería que la utilería fueran cosas muy puntuales, me gusta que la gente escuche los textos de Sergio y que no haya elementos que distraigan. Por eso busco cosas mínimas. Por ello en la obra se realizó una puesta minimalista, sumando el elemento audiovisual que juega y forma parte de la pieza.

Elvis Chaveinte

Elvis Chaveinte / Foto de Christian Mijares

-¿Es una pieza compleja interpretas (Sergio hijo, Sergio autor Sergio actor) cómo fue el proceso actoral y el desafío de meterte en la piel de todos los roles de Sergio?

-Creo que la palabra honestidad podría ayudarnos a comprender los distintos roles, aunque yo les llamaría situaciones; comprender las diferentes situaciones por las que atraviesa el personaje. Al ser honesto conmigo, automáticamente estoy siendo honesto con el público y con mis compañeros de escena. Entonces estamos hablando de entrar en el complicado y bello terreno de la simpleza.

A mí me gusta utilizar la imagen de un pantano. Es ese pantano que no todo el mundo quiere pisar, adentrarse en él. Se trata de encontrarse uno mismo en las diferentes situaciones del personaje, en este caso de Sergio. Más allá de meterse en la piel del personaje, como dices en la pregunta, creo que es, más bien, usar las circunstancias que en la historia se cuentan o aparecen, para encontrar en uno mismo aquello que resuena y vivirlo.

Para cerrar, también me gustaría comentarte que Sergio, en todos sus trabajos, nos habla de la autoficción que no es más que el cruce entre relatos reales y relatos ficticios. Nos dice también que en la biografía hay un pacto de verdad y en la autoficción hay un pacto de mentira. Es aquí donde me pregunto, si él lo hace con su dramaturgia ¿Por qué no hacerlo nosotros en el escenario?

-¿Cómo actor que te supone realizar una obra de Sergio Blanco?

-Estar en las obras de Sergio Blanco supone un reto. No sólo de poner a prueba eso que tanto se habla en la actuación de estar realmente en escena con los compañeros. El «estar» significa, para mí, despojarse de cualquier artilugio actoral, dejar de lado los prejuicios y simplemente soltarte y soltar aquello que te haga peso. Las obras de Sergio Blanco te conectan, además, con temas profundos que como hombre de esta época me interesan, es una maravilla poder interpretar uno de sus personajes, sobre todo, porque él parece escribir pensando en el actor, conoce muy bien nuestro oficio, la relación y el abordaje que tenemos del proceso creativo y del texto.

Carolina Torres

Carolina Torres / Foto de Christian Mijares
Carolina Torres / Foto de Christian Mijares

-Los textos de Sergio Blanco se caracterizan por la autoficción en tú caso interpretas a varios personajes casi que en simultaneo ¿Cómo fue ese proceso de preparación?

-Sergio en esta pieza lleva a los interpretes autoficionarse, pone al actor o actriz en blanco, en ese lugar lúdico e incómodo donde el mismo se introduce al escribir, particularmente esas cosas me interesaron en el texto. También hizo que me hiciera preguntas como:  ¿Todos somos ficción? ¿Cada quién es ficción de sí mismo? ¿Quién soy yo en la obra? ¿Qué de lo que soy voy a aportar a la obra?

Me gustó trabajar desde mí, de lo que si me contiene y pueda aportar a los personajes. “Quizás trabajar con lo que me da miedo ser, lo que desconozco de mí”. Fue como deslizarme por muchas Carolinas que no dejan de ser yo, pero que es otra y se parece a otras. Fue difícil trabajar desde ese lugar donde nos puso a trabajar la dramaturgia y la dirección, pero me encantó y aún estoy descubriendo cosas.

-¿Qué hay de Carolina en esta pieza que toca tantos temas (la muerte, la religión, la sexualidad)?

-Los temas que toca la pieza no es lo más importante, creo que lo que importa es la experiencia entorno a los temas que pueda tener cada quien. En mi caso lo que más me interesó fue el tema de la muerte, en esta pieza en particular hay muchas muertes, yo he perdido muchas cosas en mi vida y desde muy pequeña. Por ejemplo el suicidio es una coincidencia fuerte en mi historia de mi vida. Pero también como actriz hay muchos tópicos que toca la obra en lo que yo estoy en conflicto en lo ideológico, en lo social y son los que más me mueven porque son preguntas abiertas en mi vida, discusiones interminables en mi cabeza y eso me encanta. Es una obra que no se termina de escribir.

El Bramido de Düsseldorf se presenta los viernes, sábados y domingos, a las 4:30 de la tarde, en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural. Las entradas están disponibles en Ticketmundo y en taquillas del teatro.

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