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Más teatro de autor, por favor

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La escena teatral bogotana tiene de todo. No sería radical decir, incluso, que es la que presenta la oferta más fuerte en América Latina. Hoy en día se puede elegir qué ver de acuerdo con la amplia cartelera tanto de salas comerciales como salas con un sentido más off, o fuera del circuito comercial. Lo cierto es que cada sala y cada grupo han venido trabajando por construir un público propio, ese que, tras cada estreno, no se pierde la oportunidad de ir a una de las funciones de la temporada. 

Algunas salas, así como algunos grupos, lo han logrado mejor que otros, pero hay algo más interesante en todo esto, y es que de estas dos formas de «formar al público» o “educar al público” hay una que es más eficiente a la hora de construir industria: la de los grupos. Aunque yéndonos un poco más allá, es la del teatro de autor. Ese teatro que tiene como base la investigación y la puesta en escena, así como una dramaturgia propia conforme a intereses personales del autor ante la vida, la sociedad, la política y todo lo que nos hace humanos.

No hay nada más sincero que el teatro de autor, pues en este escenario el artista se atreve a contar lo que realmente quiere contar y, más importante, cómo lo quiere contar. 

De ahí que este tipo de teatro es capaz de arriesgarse –para bien o para mal– y le da mucho sentido al quehacer teatral desde diferentes miradas: la de la industria, la de una línea de investigación y la de un inevitable lenguaje propio, lo que finalmente refresca la cartelera de teatro. Ahí es donde se va gestando el culto, los íconos y por supuesto, los adeptos que finalmente son público.

Esa es la razón de que en la actualidad cada vez que directores como Fabio Rubiano, Johan Velandia, Alejandro Aguilar o Jimmy Rangel anuncian una nueva apuesta, su público, el que han construido junto con su grupo, se desplaza a la sala que exhiba su más reciente creación porque saben el tipo de teatro que se van a encontrar, porque les es afín, ya sea el lenguaje, el formato, la estructura narrativa o la discusión filosófica que traen los montajes de dichos directores.

 Las líneas de un nuevo teatro colombiano, mucho más consolidado y con gran presencia en el hemisferio, se están construyendo.

Así, estas propuestas ganan cada vez más espacios en salas de gran aforo y deben seguir haciéndolo, porque si queremos tener una industria sólida, los autores deben ser prioridad.

Para que haya dinamismo se debe tener una industria tan sólida que pueda sustentar la promoción de la dramaturgia original, textos que después serán puestos en las tablas.

Con esto no quiero decir que las obras de un carácter más comercial que provienen de autores extranjeros tienen que desaparecer, para nada, esas también son necesarias, pero sí necesitamos que el público siga formándose a la luz de dramaturgias propias y de autor. Solo así seguiremos teniendo en cartelera obras como El ensayo que ha pasado por La Casa del Teatro Nacional y Casa E, dos de los escenarios más importantes no solo de la ciudad sino del país, ambos ubicados en la localidad de Teusaquillo en Bogotá. 

Solo así nacerán más Rubianos, capaces de darnos montajes como Cuando estallan las paredes, Labio de liebre o Yo NO estoy loca. Con una industria que crea en el teatro de autor, será siempre una estructura que atiende a las necesidades del público y, por supuesto, la de los artistas, para así lograr una convergencia entre creador y espectador.

Bajo esa garantía, el ojo del público se irá puliendo naturalmente, se forjará un criterio y lo más importante, volverá a las salas. Solo así, el teatro colombiano pasará de tener un público pasivo a tener un cúmulo de espectadores activos, listos para devorarse lo que haya en cartelera. 

Con el teatro de autor también nacen nuevas salas, pues la necesidad de mostrar trabajos tan íntimos, lleva a que los grupos realicen esfuerzos –que en nuestro país tienden a ser titánicos– para hacerse con sus propios espacios y eso está asociado a un hecho más maravilloso, que es, como lo hemos visto en Bogotá, llevar el teatro a los barrios. 

En otras palabras, descentralizar y expandir la industria por toda la ciudad, de alguna manera: democratizar la exhibición teatral.

@marcelinocc16
Fotos archivo

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