Destacados Anibal Ortega: “Mi vida en el musical”

Anibal Ortega: “Mi vida en el musical”

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Cada vez que se sube al escenario, Anibal Ortega se apropia del lugar de una manera casi poética. No se sabe a ciencia cierta si son sus gestos o sus pasos al andar de aquí para allá, pero lo cierto es que se desliza por tablas con un delicado pero seguro vaivén que recrea –aún sin querer– las más clásicas escenas de Cabaret o Meet Me in St. Louis.

Sin embargo, es su potente voz la que hace magia como si del canto de una sirena se tratara; o más bien, como si una parte de Judy Garland, Liza Minelli o incluso la mismísima Barbra Streisand se hicieran con su esencia para brillar con la misma intensidad.

La presencia escénica del joven chileno logra, sin duda alguna, robarse la atención de un público asombrado y sediento de calidad teatral, mientras viaja desde el asiento hacia la belleza shakesperiana hecha canción y olvida, por unas cuantas horas, las penurias latinoamericanas gracias a la melodía de sensibles versos.

Así, ha recibido incontables aplausos tras sus shows en Aida, La Sirenita, Lápices: Un musical con memoria y su más reciente montaje, Funny Gay.

«El teatro es algo colectivo en todo sentido, a pesar de estar solo, necesitas de mucha gente para hacerlo realidad»

Después de haber vivido varios años en la ciudad de Buenos Aires, el intérprete regresa a Santiago de Chile para presentar su unipersonal Mi vida en el musical, una pieza de su autoría que relata un camino más personal por las vías de la intranquila sociedad, mientras lleva un mensaje de aceptación, inclusión, sueño y deseo, todos hechos canción.

– ¿Qué te motivó a desarrollar esta idea?

-La libertad de expresión. Como artista siempre he querido poder contar las cosas desde mi verdadero punto de vista, invitando así a la gente a discutir distintas percepciones y trabajar con otros intérpretes en las mismas. Considero que el teatro es comunicación y un unipersonal me permite compartir mis pensamientos con el público de una forma mucho más directa e íntima.

La experiencia en general me parece muy rica. Es un desafío sostener una obra solo,   ¡Imagínate un musical! El hecho de poder mantenerte completamente dispuesto, solo en un escenario, trabajando con y para un público, es un desafío que no podía dejar pasar.

– ¿Cuál fue tu principal inspiración para escribir la historia?

-La escribí basándome en canciones clásicas del teatro musical y una historia real. Abarca mi etapa inicial en el mundo del arte, desde mis sueños de chiquito en Chile, opacados por mi realidad familiar y social, hasta mi llegada y carrera profesional en Buenos Aires.

«La historia de Fanny Brice me inspira desde el punto de vista del «patito feo», una artista diferente, rechazada en su inicio por no cumplir con los estándares de belleza, pero que persiste hasta hacerse escuchar y convertirse en una estrella»

– ¿Cuál es el argumento de la pieza?

-Es un viaje por las emociones. Cuenta la historia de este chico (yo) basándose en las etapas de su viaje, desde la decisión de irse de su país, pasando por las dolorosas despedidas, hasta la llegada a un nuevo mundo, un Buenos Aires lleno de sueños pero a la vez bastante difícil de manejar. Cada momento es definido por una emoción en particular, que predomina en esa parte de la historia, acompañado con una canción. Es un viaje de sueños, miedo, ansiedad, felicidad, dolor, reflexiones íntimas y mucho amor, acompañado de clásicos del musical.

– ¿Cómo fue el proceso creativo?

-Mi musical preferido es y creo que siempre será Funny Girl. Sucede que cuando vi la película en mi adolescencia, me sentí tan impactado por el trabajo de Barbra (Streisand) que me dije a mí mismo que no podía dedicar mi vida a otra cosa, así que gracias a esta obra estoy acá, supongo. La historia de Fanny Brice me inspira desde el punto de vista del «patito feo», una artista diferente, rechazada en su inicio por no cumplir con los estándares de belleza, pero que persiste hasta hacerse escuchar y convertirse en una estrella. En cierta forma creo que siempre me sentí un poco así, porque yo sabía que me rechazaban para los roles masculinos porque mi físico no calzaba mucho con la imagen. Así fue como empecé a construir una versión masculina de Fanny Brice, y nació Rony Martínez en Funny Gay, un papel escrito para chicos como yo.

– ¿De qué manera describes la recepción del público?

-¡Bastante buena! Estaba muy nervioso porque hace mucho tiempo que no me enfrentaba a un público chileno, que es distinto, y temía de cómo podían recibir todo. Me sentía como si fuera la primera vez en un escenario. En Chile no hay mucha cartelera musical, por lo que la gente a veces no se atreve a probar con el género, pero al menos esta audiencia terminó muy entusiasmada. Recibí muchas visitas en la salida del teatro para felicitarme e incluso pedir más funciones con el fin de recomendar, así que fue muy satisfactorio y tranquilizante.

– ¿Por qué te decidiste presentar esta vez en ese país?

-Era una deuda conmigo mismo, desde que dejé Chile en 2013 no volví a presentarme en Santiago, y creo que quería compartir mi vida, mi historia, con el país donde todo comenzó de alguna forma, era el lugar indicado.

– ¿Prefieres solos como este o te inclinas más por un show de ficción?

-Ambas cosas tienen su encanto, sus pequeñas maravillas. El teatro es algo colectivo en todo sentido, a pesar de estar solo, necesitas de mucha gente para hacerlo realidad. Compartir con un elenco es una experiencia maravillosa, trabajar con distintos directores, métodos o estilos, es algo que te mantiene siempre en acción y constante aprendizaje, así que me encantaría hacerlo el resto de mi vida.

El mundo de solista es más permisivo, tiene su encanto al dejarme ser quien yo quiero ser, y compartir un sello artístico más personal, un poco más parecido a la carrera de Barbra por ejemplo, puedo jugar más, elegir mis canciones y comunicar el mensaje que se esconde detrás de mi verdadera voz, la de Aníbal.

– ¿Cómo te ves en un futuro próximo?

-Es una pregunta que siempre me toma por sorpresa porque la respuesta suele ir cambiando. Pero creo que me veo haciendo, no sé bien qué, pero haciendo sin duda. Quiero escribir, actuar, crear y muchas otras, me gusta pensar sin límites. Cantar es algo que no podría dejar de hacer nunca, es como respirar para mí. También, como buen chico soñador, me gusta pensar en la posibilidad de llegar a trabajar en Broadway y también en el cine musical.

– ¿Qué sigue en tu carrera artística?

-Ahora estoy por emprender un viaje laboral para trabajar con la compañía Disney Cruise Line, que estuvo reclutando gente en Argentina hace poco para actuar en sus cruceros, así que creo que me convertiré en un chico Disney por unos meses (risas). Luego la vida dirá, tengo muchas ganas de llevar Funny Gay a distintas partes del mundo así que seré insistente, como me enseñó Fanny Brice.

– ¿Volveremos a ver más sobre Barbra Streisand? ¿Quizá Judy Garland?

-Barbra es algo que siempre está en mí, en cada performance que he hecho hay alguna canción o algo chiquito de Barbra, de hecho, en este unipersonal hay mucho de ella, es que ha sido mi principal inspiración y no puedo soltarla, así que creo que eso está asegurado, al menos por ahora. Judy Garland, al igual que Liza, también están en esa parte de mi corazón dedicada al Hall of fame, y tengo una deuda con ellas, así que sí, me encantaría hacer algo relacionado, hace poco comencé a ensayar una nueva versión de The Man that got away así que espero poder compartirla pronto.

Fotos: Antonia Hernández Rojas

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