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#CuadernosDeEstudio: El hecho teatral en la llama de una vela.

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Ensoñaciones transcriptas por estudiantes de teatro.
Por Daniel Dannery

En los años que llevo haciendo teatro he descubierto que no hay reglas reales para su realización, el arte teatral realmente es un arte abierto, vivo, que respira continuamente. No creo que existan fórmulas, métodos, o recetas que definan la labor del teatro y de quienes lo realizan, pues siento que nace de un profundo impulso que bulle los intereses más recónditos del alma humana.

En ese sentido, todo método, fórmula o receta que se consume hoy día en las ramificaciones teatrales, me atrevo a decir, han partido de la creación de un lenguaje muy personal propiciado por una exploración escénica de quien lo ha llevado a cabo y se ha descubierto frente y dentro del teatro cambiando, movilizando y promoviendo nuevos paradigmas, para sí mismo y para otros. Pienso en Stanislavski, Artaud, Brook, Kantor y tantos otros.

Cada reflexión que nace del hecho teatral es una que se origina en lo más profundo del alma humana, sin parangón filosófico, ni necesidad académica de por medio, se trata únicamente del hombre frente a sus intereses y deseos más primarios y primitivos.

Mi formación teatral inicia de la mano de la agrupación SKENA, un grupo que durante 40 años ha llevado el espíritu del teatro a jóvenes adolescentes, como materia extracurricular en la formación más temprana educativa del ser humano: los colegios.

La dinámica de SKENA se define por un abierto interés por despertar el juego en sus talleristas, o preferiría llamarlos: jugadores; incentivando de esta manera herramientas valiosas que ayudan en la comprensión y adaptación de los espacios sociales, pero que surgen sin conciencia y a veces sin ese objetivo, en el espacio escénico.

En los talleres estudiantiles de SKENA más que, a hacer teatro, se enseña a ser humano, e invariablemente esta es una reciprocidad que se alimenta de vuelta, pues no corresponde al teatro enseñar a empatizar con el otro y a despertar el sentido más creativo de las capacidades que un adolescente puede entregarle al mundo, siendo lo que es, sin más ni menos… y aún así pasa.

Si el teatro es capaz de promover algo, es el despertar de lo que somos como personas, ayudando a liberar máscaras, creando nuevas formas de relacionarse y de competir en un mundo «homogéneo» nuestro patrón de conducta. Ahí están las redes sociales desvirtuando nuestras pasiones y creando la ilusión de pertenecer a un mundo con la ilusión de ser cada vez más abierto y plural, pero quizás menos reflexivo y humano.

¿De qué manera conectamos con esa humanidad que aflora en el alma para entendernos y lograr entender al otro? ¿qué tan largo tiene que ser el viaje a los recovecos del espíritu para trazar líneas temporales que nos permitan abrir nuestra conciencia sobre el valor que tenemos y el valor del otro?

En un pequeño gran libro llamado “La Llama De Una Vela” de Gastón Bachelard, el filósofo medita sobre la simbiosis creativa originaria del fuego y su relación con el impulso creativo del hombre: “Todo soñador sabe que la llama está viva”, como nos dirá Bacherlad en algún momento, emparentando al pensamiento de Novalis cuando nos dice:

En la llama de una vela, todas las fuerzas de la naturaleza están activadas.”

¿Acaso en la sangre que corre por nuestras venas no están activadas todas las fuerzas de la naturaleza corriendo como un río, en un viaje cíclico a través de nuestro cuerpo? ¿Qué tanto nos cuesta soñar e imaginar que esta situación biológica es un hecho irrefutable de nuestra vida?

Y es así como Bachelard se hunde en el misterio del fuego sagrado intentando develarlo en su observación, convirtiendo el acto en la sumersión de un sueño, y al observador en un soñador capaz de adentrarse en las profundidades del fuego a través de un acto meditativo capaz de generar una ensoñación: La llama de una vela es, entre los objetos del mundo que convocan a la ensoñación, uno de los más grandes productores de imágenes.”

Bajo el estudio de Bachelard sobre la llama de una vela, tuve un particular interés por poner en práctica lo que el filósofo plantea en su libro, y es así como diseñé una serie de dinámicas teatrales que permitiesen a los estudiantes vivir en carne propia la capacidad de generar un sueño lúcido, partiendo de la premisa con la que Bachelard nos introduce en su libro: la llama nos obliga a imaginar.

Muchos son los caminos que plantea el autor en su tesis, pero siempre ante las palabras queda el vacío de la acción. ¿Si es posible que la llama de una vela nos lleve a construir un imaginario prehistórico olvidado en lo más profundo de nuestro inconsciente? ¿Ese sueño que puede generar la llama en su observación es capaz de remitirnos al recuerdo de origen de abrir los ojos por primera vez ante el mundo? ¿Hasta dónde es capaz de llevarnos, la meditación atenta en el fuego?

LA DINÁMICA.
La agrupación teatral Fábula, recientemente me invitó a formar parte de su cronograma de actividades ofreciéndome la oportunidad de dirigir jóvenes entre 18 y 25 años de edad, en uno de sus talleres de formación. Este grupo compuesto de 10 participantes pudieron vivir la dinámica que he planteado sobre el pensamiento de Bacherlad.

Lo que a continuación leerán es el resultado escrito de estos ejercicios, limitado a la observación de la llama de la vela y su carácter generador de ensueños. Se les ha pedido la transcripción de la ensoñación generada, para luego hacer un trabajo continuativo de exploración escénica sobre los textos a lo largo del taller, que dieron como resultado un trabajo de exploración en la dirección y puesta en escena, que llevaron a cabo, ellos mismos.

Taller Juvenil de Formación del Grupo Fábula. De Izquierda a derecha: José Felix Sosa, Diego Rojas, Adriana Betancourt, Daniel Dannery, María José Pérez, Leslie Gómez, Daniel Molina, Juan Carlos Martínez, Ana Celeste Mucci y Vanessa Vera.

Como la grandeza del teatro demuestra que su carácter efímero no puede ser atrapado y condenado a un rincón de museo como tantas “obras de arte”, solo han quedado las palabras como registro de esta experiencia, que aquí se comparten para dar fe que la propuesta de Bachelard no solo promueve la capacidad de encender llamas externas, sino, también internas.

ENSOÑACIÓN 1:
Adriana Betancourt.

Casi siento la llama de la vela como una amiga. Un ser vivo, que se va y viene con el viento, que respira oxígeno al igual que nosotros; cálido y agradable, pero como ciertos humanos, si te le acercas demasiado, te quemas y te lástimas.

No sé bien como expresarlo, pero veo la llama de la vela como si fuese una de esas personas que aparentan ser fuertes, pero que por dentro realmente son muy frágiles, y hasta la más sutil brisa las mueve, solo que no lo aparentan. Fingen que les resbala, al igual que la vela cuando baila suavemente para volver nuevamente a su lugar inicial, haciéndonos olvidar lo débil que es, intimidándonos con sus llamas.

Podríamos decir que todos somos como llamas de fuego: somos cálidos, tenemos diferentes partes, respiramos, somos afectados por estímulos externos que no controlamos, pero luchamos contra ellos para prevalecer y volver a estar bien nuevamente para así continuar con nuestra vida.

Todos somos fuego y resplandecemos con nuestra luz propia.

En el amor dos llamas se unen y crean una llama más grande, que se mueve al son del ritmo de sus corazones, que laten acelerados por su pasión. Crean un calor más intenso, que quema si te les acercas demasiado, que puede lastimarte si te interpones.

Desde tiempos remotos el fuego acompaña al ser humano en su vida, este le recuerda su humanidad, ha traído progreso desde su descubrimiento; nos iluminaba en las noches, cocinaba nuestro alimento y nos brindaba abrigo antes de que llegase la era de la luz eléctrica, de la tecnología y la frialdad de las industrias. Nos recordaba que tenemos alma, nuestra propia calidez, nuestro brillo. Nosotros somos esa luz, esa frágil llama en el mundo, por ello cuando ocurrieron los apagones en Venezuela; aunque la oscuridad inundaba las calles y las casas, quedaba una tenue luz que iluminaba el camino; que al unirse creaba esperanza en algunos partes y disturbios en otras.

El ser humano es como el fuego, deja un rastro, puede ser funcional y positivo y es usado con inteligencia, pero si se deja a la deriva y es llevado por manos maliciosas causa desastres, causa muertes, deja destrucción. Ambos dejan un rastro en la Tierra antes de extinguirse.

Es un recuerdo de nosotros mismos, representa nuestra alma. Quizás sea por eso que en los países más avanzados, en los que se ha dejado de lado la imagen de la vela y ha sido reemplazada por la electricidad, la gente se siente vacía, triste, sola y sin rumbo. Pierden el sentido en sus vidas, se quedan estancados y atrapados en ese frío que han creado ellos mismos, esa rigidez que te hace sentir militarizado. Por eso la gente es infeliz y no tiene más ganas de vivir.

No debemos olvidar el fuego en nuestro interior, ese fuego es nuestra alma, y nuestro cuerpo es la cera de la vela. Nuestro tiempo es la mecha que se consume sin que nada la pueda detener, porque solo la muerte detiene el tiempo, y la vida del ser humano es tan frágil como la llama de una vela. Se puede apagar con tan solo un gesto. Tantas emociones, furia, rebeldía, brillo, belleza única e inigualable se extinguen, dejando el rastro de lo que lograron, a quienes le encendieron el corazón… De su cariño y calidez… Su luz.

ENSOÑACIÓN 2:
Juan Carlos Martínez

Una silla, oscuridad, mar, profundo, sin fondo, consciencia total, de fondo, Thanatos. Recuerdos vienen como rollos de película, desde mi inicio hasta mi presente, con la posibilidad de vivirlos como si la realidad fuera alterada, una presión en el pecho con cada decisión, como si la corriente solo fuese hacía abajo. Izquierda el pasado, derecha el presente, arriba una pequeña brecha de luz que marcaba cuán lejos estaba de la superficie. Un suspiro mientras miraba a la izquierda, mirada pérdida hacia el presente, cerrar los ojos, respirar profundo, pensar, 6, 8, 12, 20. Intentar cambiarlo todo en cierta medida, volver a empezar, terminarlo todo, posibilidades infinitas sobre una silla orientada verticalmente cayendo a un vacío, sentado sin saber en que dirección mirar, perdido, confundido y quizás abrumado, solo con la certeza de no mirar hacia el fondo, prefería esperar, no quería desperdiciar cada instante, una mirada, un beso, un abrazo, un lamento, un suspiro, todo se veía tan claramente, en primera persona, como si lo volviese a vivir, como si tuviese el control. Y disfruté como nunca poder revivirlo, ¡no recordaba haber sido tan feliz! Y de pronto de reflejo podía percatarme de que había unas luces y podía escuchar Isabella’s Lullaby, sabía que tenía que acabar, así que decidí desprenderme de la silla, mientras ésta subía, yo seguía bajando como un metal a un imán, una atracción que me hacía ver todo en segundos, no paraba de llorar, pero no sentía nada, la luz de la cima ya no existía, respirar, cerrar los ojos y caer, 20, 12, 8, 6, 2, 0, Volver.

ENSOÑACIÓN 3:
Leslie Gomez.

Sinceramente no pasó nada. Pensé tantas cosas pero a la vez no pensé nada. Y la vela solo me trae recuerdos tristes, y eso es lo que siempre suelo evitar. Pensé en mi papá, en los sueños que suelo tener con él, siento que evito tanto estos pensamientos que intento superarlos en los sueños y es muy frustrante. Pensé en mis tíos que ya no están y no me pude despedir… La vela me llevó a esto, pero como estaba consciente me alejaba y volvía a quedar en blanco. Solo me sentía molesta porque no lograba hacer el ejercicio, no conseguía ninguna posición cómoda, tenía calor, frío, me desesperaba.

ENSOÑACIÓN 4:
Ana Celeste Mucci

Al escuchar la música fue el primer estimulo que me hizo sentir que me estaba trasladando  a un lugar, y de repente de un instante a otro me di cuenta que estaba rodeada de agua, estaba dentro del océano y lo más extraño es que aún escuchaba el sonido del mar al romper las olas en la orilla desde afuera; lo único que veía era agua a mi alrededor, muchos tonos de azules que me ayudaban a darme cuenta de la diferencia de las  profundidades del mar que me estaba rodeando, podía ver la superficie y ver hasta el más profundo azul oscuro,  al parecer podía respirar dentro del agua, y lo único que hacia era nadar, nadar  pacíficamente como si perteneciera allí en el océano, de pronto cambió la música y gracias a este estimulo, me encontraba viajando en distintos universos, y llegué a parar en uno de estos el cual era el espacio, yo me encontraba rodeada de constelaciones y estrellas a mi lado, todo era luminoso y trataba de hacer una visión panorámica de todo el espacio y dentro de ella podía visualizar directamente al sol, más radiante que nunca y podía sentir su calor, pero no me quemaba ni hacia daño, simplemente admiraba esa luz inmensa que le daba a todo el sistema solar, no me daba cuenta pero yo estaba flotando en la inmensidad del espacio, estaba como en una especie de viaje por distintos universos y me sentía segura, no tenía miedo, simplemente estos sitios tan pacíficos me transmitían paz.

ENSOÑACIÓN 5:
Daniel Molina

La llama de la vela me hizo pensar en que todo es finito, la vela se acaba, el fuego se extingue, nuestra vida se acaba. ¿Todo se extingue? ¿La esperanza se extingue? ¿La esperanza se extingue? ¿Estoy aprovechando mi tiempo? Mis ojos se sienten muy pesados, la llama crece y luego estoy a oscuras, me dormí profundamente, en la oscuridad veo mi mamá llamándome con los brazos abiertos, luego estoy  jugando fútbol, después me levanto, tengo un blackout, no sé que vi pero no estaba aquí, y me invadió una sensación de angustia, el corazón me latía y se me salía una lágrima, estoy confundido, no sé porque tengo una inquietud con el tiempo y que estoy haciendo con él. Luego traté de volver a conectarme pero esa sensación de angustia me acompañó al seguir el ejercicio y no me dejó volverme a conectar, solo me preguntaba ¿Qué había pasado y por qué no lo recuerdo? Y ¿por qué estoy mareado y tengo nauseas?

ENSOÑACIÓN 6:
Isabel Graterol.

Al principio me costó un poco concentrarme en la vela, hasta que una parte de la llama empezó como a titilar, lo cual, unido al fondo musical me reveló la imagen de un tren, y luego la imagen se amplió a una película, era el inicio de esta, en donde la pantalla no reflejaba una imagen clara porque titilaba al igual que la llama de la vela, era similar a prender y apagar un televisor pero extremadamente rápido, donde lo único claro gracias al sonido era la llegada de un tren…

Después de un rato esa imagen se disipó y me concentré más en el hilo, el pabilo que le da vida al fuego, me di cuenta de que la parte de arriba de ese hilo estaba como fuera de la llama, como si ya no pertenecía a ella, y en primera instancia lo asocié con una persona, como si la parte de arriba que ya no estaba dentro de la llama era la cabeza de alguien, y el resto del hilo que seguía aún dentro era el cuerpo, sentía como si me miraba y me pedía ayuda… o algún consejo, y pensé que esa persona tal vez formaba parte de una situación de la cual quería salir pero estaba tan anclado a ella que se le hacía sumamente difícil, y de inmediato me vino a la mente la idea del amor.

Pensé en las tantas veces que nos aferramos a una persona que no nos hace bien, y que una parte de nosotros lo identifica y sabe que tenemos que salir de ahí, por nuestro bienestar, pero a su vez la otra parte no está dispuesta a dejar ir, quiere permanecer y hacer hasta lo imposible por salvar lo que se tiene, aunque no siempre sea lo mejor y aún sabiendo que no siempre lo que queremos es lo que merecemos. Me imaginé a esa persona desencadenando una lucha interna, consigo misma, consciente de lo que es mejor para sí, pero anhelando lo contrario, sabiendo que se estaba quemando pero aceptándolo sin salir corriendo.

ENSOÑACIÓN 7:
José Felix Sosa

Destrucción, vida, creación, grande, pequeño. El fuego nos ha ayudado con la creación de muchas cosas que hoy siempre tenemos a la mano. Mucho respeto hay que tenerle al imponente elemento del fuego porque sin la bola de fuego que llamamos Sol no estaríamos aquí.

ENSOÑACIÓN 8:
María José Perez

Me teletransporté, viajé al mes de marzo, una noche que estaba en mi cocina viendo una vela en la época del apagón. Habían pasado los meses enero y febrero que habían sido los peores meses de mi vida y para rematar marzo sin luz por 15 días y los aproveché fue para reflexionar ya que no podía hacer más nada, lo único que hacía era quedarme pegada pensando. Mirando la vela me perdí en mi mente, al igual que esos días que lo que hacía era pensar, pero era raro porque yo el martes al mirar la vela no sé por qué las cosas que pensaba se me hacían más pesadas, comparado a cuando las pienso sola. Además leí algo muy curioso: que soñar con una vela encendida significa vida. Vela apagada: muerte. Soñar velas encendidas con flama firme y brillante sugiere estabilidad emocional y firmeza de carácter, lo cual anuncia éxitos, y de ahí saqué algo positivo, porque siempre la veo prendida aunque en esos meses que nombré anteriormente en mi estaba apagada.

ENSOÑACIÓN 9:
Diego
Rojas

En el extenso universo de nuestra propia existencia, donde todos somos estrellas, a veces sentimos la necesidad de pertenecer a una constelación, buscamos sin rumbo ese lugar donde hablen nuestro idioma, en donde tengamos la dicha de no sentirnos solos y pequeños en este universo tan inmenso. Buscamos nuestro propósito, ese pedacito del espacio que nos pertenece, ese lugar donde brillas más que nunca y sabes que es para ti.

El camino no es fácil, suele estar lleno de asteroides con los que a veces nos distraemos y perdemos de vista nuestro rumbo. Hay quienes incluso pierden su luz por distraerse tanto tiempo, y para cuando se dan cuenta ya es demasiado tarde. Otros simplemente conocen estrellas fugaces, esas estrellas que brillan entre lo más alto del cielo, y las sigues pensando que siempre estarán allí para ti, cuando la realidad es que solo forman parte de tu constelación por un tiempo, porque ya no estarán cuando más las necesites. De esas estrellas es importante aprender y no quedarse viendo el recorrido que dejaron al pasar, simplemente basta con seguir nuestro camino y encontrar las piezas que nos hacen falta para completar la constelación de nuestras vidas. Es una búsqueda que nunca se detiene, por eso hay que ser fuertes, no podemos dejar que nuestra propia luz se acabe, ni depender de las otras luces que brillan a nuestro alrededor, porque al final solo nos tendremos a nosotros en los momentos más difíciles para poder enfrentar la inmensidad fría y oscura del espacio, son en esos momentos de oscuridad donde debemos ser más valientes y simplemente seguir con nuestro camino hacia la luz, atravesando las constelaciones del espacio, buscando encender hasta la última chispa de luz que nos haga sentir vivos, sin dejar que nos carcoma la inmensidad a la que constantemente nos enfrentamos, aunque sientas la vida es un bucle, que estás perdido en un gran pasillo negro sin salida donde solo queda avanzar y desesperadamente repites las mismas acciones esperando que algo nuevo ocurra, aunque todo eso pase, hay que conservar nuestra luz interior, esa llama que nos quema desde niños, que arde como el fuego de un sol interior atrapado en una simple estrella enana, y una vez consigas otra razón para brillar como lo has hecho en tus mejores días, podrás volver a la constelación que tanto esfuerzo has pasado para conseguir, siendo la estrella más brillante e imponente de todas, iluminando a quienes lo necesiten como tú en algún momento lo necesitaste. Cuando todo eso pase, cuando sientas que has encontrado tu destino y que las estrellas, los planetas y el cosmos se alinean contigo en una misma sintonía, te darás cuenta de lo emocionante que es el simple hecho de existir, aunque tu vida no sea nada más que un pequeño pedazo de este gigantesco mundo.

ENSOÑACIÓN 10:
Vanessa vera

Empezó con una madre, tan tapada en trapos que solo se veían los rostros de ella y el niño que cargaba. Parecía estar rodeada de un aura extraña, tan poderosa como invisible para el ojo inexperto. Es una bruja que huyó al ser perseguida. Progresivamente ella y su hijo se van deteriorando más y más, empeorando en tal unión que parecen fusionarse. Una vez que su sufrimiento es uno, la cara del niño empieza a derretirse. Seguido de su torso, el pecho de ella, toda la parte superior de ambos arde en sincronía y la llama crece. De las cenizas nace una niña, como fénix, o como una tarántula emergiendo.

 

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