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Sánchez Rugeles: Hay que dinamizar la narrativa del teatro musical

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Pasa poco. Pero cuando sucede es un acto místico de maravilla y superación. Desde 2010, en Caracas, se han colado esporádicamente en las marquesinas teatrales, títulos de musicales importados de Broadway o el West End. Un reto para los productores nacionales, que se aplaude, pero que abre paso al cuestionamiento de lo propio. ¿Es posible crear un montaje propiamente venezolano?

En el país han surgido espectáculos que, si bien no alcanzan el reconocimiento de los extranjeros, son acercamientos a un musical con sello nacional.

Tal es el caso de piezas como Orinoco (2012) de Venezuela Viva, basado en la novela Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, Oto el Pirata (2013) de Image Producciones y Vivo, producida por Carlos Rivas y escrita por Eduardo Sánchez Rugeles.

El escritor debuta como autor de un texto para teatro y afirma que el musical es un género exigente.

 

¿Qué implica escribir un musical? ¿De qué hay qué saber para hacerlo?

El musical es un género exigente, con una amplia y dinámica tradición. El conocimiento técnico y erudito ayuda. Las referencias (películas, piezas de Broadway, textos literarios) son muy útiles y, sin duda, resultan muy sugerentes a la hora de trabajar; te permiten poner las ideas en contexto, saber qué se ha hecho, qué temas son habituales, cómo se dinamiza la narrativa dentro del discurso musical. Todo eso ayuda a que la pieza tenga solidez.

Hay quienes afirman que el error de los musicales venezolanos recae en la estructura del guión. ¿Se debe priorizar música o parlamento?

Es importante la idea del equilibrio: que lo narrativo no engulla lo musical o a la inversa; siempre corres el riesgo de que la obra se convierta en un discurrir de canciones sin argumento o que el texto dramático convierta lo musical en accesorio.

El equilibrio, en este sentido, es lo ideal. Hay que saber trabajar en equipo, confiar en el texto, en el arreglista, en los músicos, en el director teatral, en lo que te pueda aportar el actor. La puesta en escena de un musical es compleja, coral, hay mucha gente involucrada.

¿Por qué crees que en Venezuela no se arriesgan a escribir uno propio? La mayoría de los que se hacen son de Broadway.

No tengo argumentos para responder a esa pregunta; es una compleja curiosidad sociológica. Tengo la impresión, desde mi experiencia con la literatura, que, para ciertos asuntos, somos una sociedad acomplejada.

En mi trabajo como novelista, muchas veces he recibido la crítica de que mis personajes, verbalmente, hablan como caraqueños lo que, a juicio de estos lectores, los condena al desinterés de lectores foráneos.

Incluso en las aulas, en mi formación como Licenciado en Letras, llegué a escuchar a algunos docentes decir que Caracas no tenía la sonoridad ni el fervor de Buenos Aires o Lima. Mucho menos, Nueva York o París.

Muchas veces he tropezado con ese prejuicio de que lo «local» es odioso, antipático, simple, ordinario, sin valor cultural, un mero divertimento.

Soy primerizo en esto de la dramaturgia, por lo que no sé si estos prejuicios también afectan al teatro. Vale la pena destacar, sin embargo, que algunos de los montajes que se han hecho de exitosas piezas de Broadway han sido muy buenos; la calidad no se ha echado en falta.

¿Cómo llegas a ser parte del equipo de Vivo?

Me llamó Carlos Rivas, el productor, un viejo amigo del colegio. Me contó la idea y me entusiasmé. Trabajé unos seis meses en el texto y luego conocí al resto del equipo: José Alfonso Quiñones (dirección musical) y Óscar Gil (director teatral). La lectura de ellos me permitió reforzar el texto, modificar algunos asuntos y enriquecer otras escenas.

¿Cómo fue esa experiencia?

Con Vivo me pasa algo curioso. He trabajado a distancia. Aún no la he visto. Mi experiencia de la obra ha sido a través de WhatsApp, Periscope y videos aficionados. Circunstancias personales no me han permitido viajar a Venezuela. El trabajo, sin embargo, ha sido muy constructivo y enriquecedor.

De Vivo valoro el engranaje, el concepto de equipo, cada una de las partes hace lo suyo y lo hace bien: los músicos, liderados por Adolfo Herrera, el equipo actoral, la dirección teatral y musical, la gestión de Carlos Rivas, los técnicos. Hay una notable sintonía entre todos los que sostienen la obra y creo que eso se percibe en escena.

 

Vivo se presenta en una nueva temporada en el Centro Cultural BOD, hasta el 6 de marzo, sábado 7:00 pm y domingos 6:00 pm.

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