DestacadosPanamax: La realidad teatralizada

Panamax: La realidad teatralizada

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Gisela Suárez sueña. Sueña que en aquel lugar empotrado entre galpones abandonados en Mariches, acechado por chiripas y malas juntas, podrá tener su pequeño restaurante. Sueña con una cocina industrial en el interior y unas cuantas mesas en el portal ―las que puedan ocupar el espacio sin ser un estorbo en el reducido local―, y sueña que Guillermo Arocha le acompañará en esta empresa, aunque se trate de un hombre casado, con una mano apretando sus nalgas y la otra aportando capital a la mesa. No paga luz, ni teléfono, ni alquiler, lo que para ella son las “ventajas comparativas” del negocio, término que aprendió en sus años de estudiante de Economía en la Universidad Central de Venezuela ―aunque debe quedar claro que Gisela jamás obtuvo la licenciatura―. Esta es una mujer que fantasea, que grita “¡yo quiero ser emprendedora!”, pero la suya no es precisamente una actitud corriente e idealista.

Las soñadoras también aparecen en la televisión y pasean sus maneras sifrinas en apartamentos lujosos, como Melissa Lobo. Con su tono intelectual de gourmet sweettheart, enfundado en un educado verbo y una sexy figura, explica su proyecto de catering corporativo: su ticket de salida, su pasaporte a la riqueza en Panamá. Melissa sueña en las ligas mayores porque, como dicen en Venezuela, tiene sus contactos. Y está dispuesta a hacer lo que sea necesario para conseguir lo que quiere.

Pero Panamax, la nueva pieza teatral de Ibsen Martínez que se presenta en el Teatro Chacao, no trata de empecinamientos caprichosos ni de anhelos. Aquí los proyectos se tejen entre la viveza y la corrupción, camuflados con el término “emprendimiento” y disfrazados de la llamada «mujer guerrera».

A la vez, un drama de telenovela ―muy propio de Martínez, también guionista de televisión y autor de Por estas calles― se desarrolla con enredos típicos de las infidelidades, lo que despierta en el público ese morbo por el “¿y ahora qué pasará?” y permite digerir los términos financieros apuntados en los diálogos. Y es que entre la voluptuosidad de Gisela, interpretada por Nattalie Cortez; y la delicada sensualidad de Melissa, encarnada por Ana Melo, el reputado periodista Guillermo Arocha (Rafael Romero) queda sujeto a sus tentaciones y es incapaz de contenerse, lo que resulta muy divertido; sobre todo cuando se ve sorprendido con las manos en la masa y queda atrapado en un cariño interesado.

¿Qué sería una historia de dinero y riqueza fácil sin algo de erotismo y sensualidad? Tal vez sin esta dosis de laberintos pasionales el montaje correría el riesgo de ser panfletario. Panamax, como el buen teatro, no aspira tener respuestas pero sí ofrecer y sembrar inquietudes. Es una historia sin héroes ni villanos, sus personajes están salpicados por lo cotidiano y abundan las charlas de comadres, escenas de seducción femenina y amistades burladas. Hasta una pasiva pelea de gatas para demostrar sus dominios sobre el corazón de Guillermo forma parte de este relato.

Sobre las tablas se recrea un país dividido socialmente, en una escenografía en la que la cocina ―donde se montan guisos y se obtiene el lomito― es el epicentro de acción. La pieza se titula Panamax, pero la verdadera protagonista es “la ambivalencia moral del venezolano”, tal como lo expresa Martínez. Del lado izquierdo, gris y ordinario, se desarrolla la Venezuela del resuelve, de los que se ven obligados a trabajar vendiendo queso en las gasolineras para ganar algo de dinero, de los que hace 14 años no cotizan en el Seguro Social. El país de Gisela y de su fiel amiga Bizcocho (interpretada por Omaira Abinadé). Del otro, con una escenografía limpia que brilla de lo blanco y un mobiliario moderno, se desenvuelve la novela del venezolano que conoce “al amigo de un amigo” que desvanecerá los problemas de su vida, y que vislumbra en la corrupción un acto de salvación personal.

Panamax representa además el regreso de Carlota Vivas en la dirección teatral y su participación fue clave, afirma Martínez, en la construcción del tercer y último libreto de la pieza. La obra se presenta en el Teatro Chacao, viernes y sábados a las 7:00 pm., y los domingos a las 5:00 pm.

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