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Con amor, Kander y Ebb: el brillo de una tradición reinventada en Buenos Aires

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Hay universos artísticos que no necesitan presentación: cuando empiezan a sonar los primeros acordes de ciertas canciones, parece materializarse sobre el escenario el cabaret, la ironía, el artificio y esa particular mezcla de glamour y melancolía que convirtió a John Kander y Fred Ebb en una de las duplas más reconocibles de la historia del teatro musical. Así, Con amor, Kander y Ebb, la propuesta argentina que rinde homenaje a su legado, encuentra en ese repertorio clásico una oportunidad para explorar la vigencia de sus icónicas piezas y renovar el lenguaje escénico que las volvió inolvidables.

El desafío de una obra construida alrededor de un universo musical tan reconocible consiste justamente en evitar que el homenaje se convierta en referencias, una tras otra. La nostalgia, por sí sola, no es suficiente: necesita interpretación, personalidad y una mirada capaz de apropiarse de los códigos del género sin quedar atrapada en la imitación. Es en esa tensión tan atractiva, que se mueve entre la reverencia y la recreación, donde habita esta propuesta.

Sofía Val destaca especialmente por su talento vocal. Su presencia permite apreciar la exigencia de un repertorio que demanda mucho más que afinación: la intención dramática, dominio expresivo y la capacidad de transmitir aquello que las canciones esconden detrás de su aparente ligereza es lo que define su performance. En el universo de Kander y Ebb, cantar también significa interpretar personajes, sugerir contradicciones y moverse entre el humor, la sensualidad y la vulnerabilidad. Val aporta toda esa dimensión interpretativa y mucho más. Su voz va más allá de la intención del instrumento: en ella se convierte en la herramienta narrativa que sostiene y potencia el material musical. Por lo tanto, su desempeño se convierte en uno de los puntos más destacados de la experiencia teatral.

Por su parte, Mariano Condoluci aporta creatividad, imaginación y una comprensión particularmente lúdica del lenguaje corporal de la obra. Su trabajo coreográfico dialoga con una memoria escénica compartida: aparecen en su participación ecos de Cabaret y Chicago, pero también guiños a los movimientos y la gestualidad asociados a Liza Minnelli en su premiado especial televisivo Liza with a Z. Y es que la referencia no funciona únicamente como cita para el espectador versado en el teatro musical; se transforma en un juego de reconocimiento que conecta distintas generaciones de intérpretes y espectadores.

Lo interesante de esa recreación es la posibilidad de recuperar un vocabulario coreográfico cargado de historia y devolverle su lugar en el presente. Los pasos, las poses y las actitudes remiten a una tradición, pero adquieren una nueva dimensión cuando se incorporan a una propuesta propia. Condoluci demuestra toda la creatividad con la que cuenta al trabajar con ese imaginario y convertirlo en material escénico.

Y allí aparecen también sus botas plateadas, un detalle que merece una mención especial. Desde el centro comercial Galerías Pacífico, llegan a la escena para aportar una dimensión visual que acompaña el carácter performático del personaje y refuerza el juego entre movimiento, teatralidad y glamour. El brillo metálico captura la luz, dirige la mirada y convierte cada paso en parte de su composición artística. Hay algo deliberadamente artificioso en ese destello, y ahí radica exactamente su función: en el musical, el artificio es una forma de construir presencia y hacer del cuerpo un acontecimiento escénico.

Desde una perspectiva crítica, el mayor desafío de una propuesta de estas características está en encontrar el equilibrio entre el homenaje y la autonomía artística. Las referencias a producciones emblemáticas y a figuras como los personajes de Velma Kelly y Roxy Hart tienen una fuerza inmediata, pero también elevan la vara: los protagonistas de esta pieza se encargan de evocar estilos que forman parte de una memoria cultural muy precisa. En ese sentido, el talento vocal de Sofía Val y la inventiva escénica de Mariano Condoluci ofrecen dos vías complementarias para que el material respire con energía propia.

Con amor, Kander y Ebb invita, en definitiva, a volver sobre un repertorio que ha sabido sobrevivir al paso del tiempo porque entiende el espectáculo como una combinación de música, narración, ironía y emoción. Su atractivo reside en la posibilidad de ponerlo nuevamente en circulación a través de intérpretes que encuentran allí un espacio para desplegar sus recursos y hacer un homenaje que es capaz de recordarnos que el musical es también un lenguaje que se recrea cada vez que alguien vuelve a ponerlo en escena.

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