El surgimiento del personaje “El Manguanguas” en nuestro imaginario popular venezolano, viene a demostrar que la forma como surgen ciertas leyendas de tradición oral efectivamente ha mutado en nuestros días en la concepción de memes, y con ello de historias que se construyen sobre este tipo de patrones sociales y/o políticos; en ese sentido surgen conceptos nuevos
como el creepypasta, una forma de construir mitología desde el ámbito digital.
el creepypasta, una forma de construir mitología desde el ámbito digital.
Recientemente hemos sido testigos del enorme éxito que ha derivado de piezas como The Backrooms, que inicia con una extraña imagen de un almacén el 12 de mayo de 2019 en 4chan, cuando un usuario anónimo pidió fotos extrañas, alguien subió la famosa imagen como devolución del pedido, dando paso a la construcción de todo un universo que complementa de una manera audaz y actual el arquetípico laberinto griego y su minotauro.
Más allá de la persona física, la transformación de El Manguanguas en un espectro folclórico sintetiza de forma popular varios arquetipos del hacer político contemporáneo y la relación del ciudadano con éste: la intrusión y la invasión doméstica. La política vista no como un servicio público o un debate institucional, sino como un ente no invitado que se mete «hasta en la sala de tu casa”, dando vida al político oportunista que satura el espacio privado, prometiendo o sermoneando sin que nadie le haya pedido entrar.
un ente no invitado que se mete «hasta en la sala de tu casa”
Resurgiendo la idea del clásico y criollo eterno parlanchín sin resolución, su característico rasgo de verborrea imposible retrata la retórica vacía de verbosidad inagotable, de “buena labia”, reducido a una presencia siniestra, extraña, espectral, persistente, que consume tiempo y atención sin aportar soluciones reales, convirtiéndose en un estorbo que agota por su insistencia. Si nos atrevemos a expandir el contexto, diríamos que su método de acoso, se parece bastante al del ácaro succionador de sangre del famoso Almohadón de Plumas de Horacio Quiroga, lento pero certero.
Resulta curioso observar los memes que han surgido en torno a la imagen del recién llegado Manguanguas a la corte de personajes asociados al maligno en nuestras leyendas populares del folklore venezolano, debemos tomar en cuenta entonces que las imágenes que comienzan a circular ampliando el imaginario del personaje retoman la estética del creepypasta clásico norteamericano (estilo This Man o Smile Dog) y la cruza con la estampa criolla típica de los espantos nacionales: El Silbón, El enano de la cátedral, o el pícaro Momoy.
la cruza con la estampa criolla típica de los espantos nacionales: El Silbón, El enano de la cátedral, o el pícaro Momoy.
Este síntoma de nuestro tiempo, nos ha inspirado a crear una pieza breve que compartimos con ustedes, para ampliar el universo del personaje como toda buena comunidad de creepypasta suele hacer. Esperemos disfruten de su lectura, y por qué no, hechura. Comentamos que para su escritura nos hemos inspirado en Uketsu, y de cómo nos ha parecido atractivo el uso de una escritura en formato híbrido —muy en la línea del mockumentary o la literatura procedural— explorando con diálogos ágiles, como el que se evidencia en las entrevistas.

Daniel Dannery Forero
EL MANGUANGUAS
Creepypasta breve para escena
INVESTIGADOR
Señora Gregoria, para el registro. Son las cuatro de la tarde. Estamos en su apartamento. Explíqueme otra vez lo que vio en el plano de la casa antes de que… ocurriera.
GREGORIA
(Señala un dibujo grotesco hecho a bolígrafo sobre el mapa del edificio)
Mire aquí. Este es el pasillo principal. Y esta es la reja de la entrada. Yo siempre la dejo con doble llave a las seis de la tarde. Todo el mundo en el piso lo sabe. Pero ese martes… yo estaba haciendo café y dejé la puerta entornada. No abierta, ¿sabe? Solo un dedito desencajada para que corriera el aire.
INVESTIGADOR
Un descuido de tres minutos.
GREGORIA
Ni dos. De repente, la luz del pasillo parpadeó. No se fue la electricidad, no; solo bajó la intensidad, como cuando prende un motor viejo. Y escuché el rechinar de la bisagra. (Pausa. Traga grueso). No hubo pasos. Ese es el problema. Los seres de antes taconan, arrastran cadenas, suspiran… Este no. Este se desliza como un borrón de sombra.
INVESTIGADOR
¿Y dónde se ubicó?
GREGORIA
En la esquina de la biblioteca. Entre la repisa de los adornos y el televisor. Un espacio muerto donde no cabe un hombre normal. Pero él se acomodó ahí, encogido, con esa sonrisa de contraste alto…
INVESTIGADOR
¿Le habló directamente?
GREGORIA
No me miró a los ojos. Miró al vacío, a la pared, y empezó a hablar. Me dijo: «Qué manguangua, vale, qué manguangua». Y de ahí no paró. Empezó a enumerarme los precios del queso en el 2012, las caminatas que hizo por el estado Falcón, lo que costaba un metro de cable, los acuerdos que no se firmaron… Hablaba y hablaba, rápido, con una voz que no tenía eco. Una voz que parecía salir de un megáfono desgastado.
INVESTIGADOR
(Tomando notas en su libreta)
¿Y usted qué hizo? ¿Le pidió que se fuera?
GREGORIA
¡Le eché agua bendita, mijo! Le mostré la cruz de palma real. Le dije que en esta casa somos gente de bien. ¿Y sabe qué hizo? Se rió. Una risa seca, como de solapa de saco agitada por el viento. Me dijo que él no era un demonio de iglesia, que a él los salmos no le hacían nada porque él se alimentaba de la inercia. De la gente que deja la puerta abierta esperando que algo pase.
INVESTIGADOR
(Revisando los esquemas)
Según el plano, el espacio entre la biblioteca y la pared mide apenas quince centímetros. Arquitectónicamente es un espacio ciego, una columna falsa. No hay forma física de que un cuerpo ocupe ese lugar.
GREGORIA
Es que no tiene cuerpo, de carne… así (se toca y aprieta, luego lo toca y aprieta) ¡muchacho! Es pura cháchara acumulada. Se te mete en la casa y no rompe nada, no roba nada, pero te consume el aire. Te deja la cabeza pesada, como si lo hubieras escuchado por radio sin sintonizar durante tres días seguidos.
INVESTIGADOR
¿Y cómo logró que se fuera?
GREGORIA
(Baja la voz, casi en un susurro misterioso)
No se fue.
El INVESTIGADOR se detiene en seco. Deja de escribir.
INVESTIGADOR
¿Cómo que no se fue?
GREGORIA
Apagué la luz de la sala, me fui al cuarto y me tapé hasta la cabeza. A las tres de la mañana se calló. Pensé que había terminado. Pero hoy en la mañana, cuando fui a sacar la basura, abrí la puerta un segundo… y escuché un susurro en el marco. Qué manguangua vale, qué manguangua…
Silencio tenso. Se escucha el sonido de la lluvia afuera. De repente, desde el fondo del pasillo del apartamento, se oye un chasquido metálico, como si una reja cediera suavemente.
GREGORIA
(Aterrada)
Dime que le pusiste el pestillo a la entrada cuando entraste…
El INVESTIGADOR mira fijamente la puerta del fondo, que empieza a abrirse milímetro a milímetro.


