Recientemente culminó la tercera temporada de la más reciente producción llevada adelante por Producciones Dionisíacas, bajo la dirección de Shonny Romero en la Sala La Viga del Centro Cultural Chacao; se trata de la puesta en escena de la pieza teatral La isla, original del dramaturgo español Juan Carlos Rubio (1967), protagonizada por María Alejandra Tellis y Valentina Rodríguez.
Ada y Laura son una pareja de mujeres con quince años de diferencia de edad entre ellas, que en el pasado han decidido concebir un hijo. Ada es quien lo engendra y lo trae al mundo, con la particularidad que el niño nace con condiciones especiales y discapacidades que obligan a la pareja a cambiar totalmente sus rutinas de vida y todo lo que ello conlleva. Luego de once años en esta situación, la pareja ya desgastada es sorprendida por un accidente doméstico del que el niño ha sido víctima, asistimos entonces, en el desarrollo de la acción dramática, a esas horas eternas de espera en donde estas mujeres sacan lo mejor y lo peor de ellas para soportar la angustia de una noticia que no acaba de llegar.
La premisa que Rubio intenta comprobar es cómo el ser humano en situaciones límites debe decidir entre lo que siente y lo que realmente desea para librarse o sentirse culpable. Muy inteligentemente, el dramaturgo estructura su pieza en esa isla en la que viven Ada y Laura, que no es solo el hospital o su casa, si no el espacio de silencio que se ha instalado en ellas dos. El hecho de que sean dos mujeres refuerza el aislamiento social y personal que enfrentan las estructuras no tradicionales ante el trauma y en las que el escritor quiso poner su acento.
En esta lectura escénica, Shonny Romero aprovecha el espacio dramatúrgico a su favor para crear la sensación de claustrofobia (ese espacio de donde no pueden escapar porque el dolor igual te persigue) y de desnudez, minimalismo, haciendo que todo el peso recaiga absolutamente en la palabra y el gesto corporal. Siendo un texto muy complejo de representar por su carga emotiva y por el riesgo de convertirlo en un lacrimoso melodrama; Romero se vale de los artilugios extra escénicos (iluminación, efectos de sonido, utilería) para complementar el discurso y ayudar a sus actrices a no caer al vacío del desgarro emocional. Sus decisiones escénicas en este sentido son muy inteligentes, ya que gracias a ello es que el espectador logra seguir la historia y conectarse con el relato.
Sus protagonistas acompañan la propuesta de dirección, saben contenerse y soltar en el momento preciso. Tellis, veterana de nuestras tablas, da rienda suelta a su sapiencia del oficio y nos ofrece una actuación contenida que soporta el peso de la pieza en sus hombros y sabe técnicamente cuándo hacer énfasis y cuándo relajar para crear el efecto conmovedor en el espectador, particularmente en la función que presenciamos, logró momentos poéticos que se acercaban a la conmoción que puede sentir su personaje, pero no lo tiene nada fácil, ya que su texto es el más poético y simbólico.
Por su parte, Valentina Rodríguez, gracias a este trabajo, se apunta un escalón más en su labor de intérprete, la sentimos honesta y directa, con dificultad para no desbordar la emoción y no explotar. Esta contención la hace edificar un carácter menos rígido que el de su compañera ya que ella funciona como personaje reactivo a las provocaciones de su contraparte.
En síntesis, esta lectura venezolana de La isla resulta un reto escénico muy complejo, tanto por lo que plantea el autor en su relato, como por la sutil y detallada puesta en escena que decide Shonny Romero para su elenco. Es un espectáculo cuidado y limpio en su producción a cargo de Dennys Alexander Ledezma. Con dos comprometidas actuaciones que fluctúan entre la contención y la entrega, que ofrecen una propuesta de calidad teatral que demuestra cómo Producciones Dionisíacas crece como agrupación y sigue apostando a un teatro serio con un rigor profesional y unos temas que convocan a la reflexión a un público caraqueño hipnotizado por la evasión.
Si usted disfrutó de esta puesta en escena dígame qué le pareció y si en algún momento de su vida ha estado en una situación límite similar a la de Ada y Laura ¿Se ha sentido culpable o impotente por desear que ocurra aquello que la sociedad prohíbe siquiera pensar? Los leo.
L.A.R
@yonoquieromolestar
Fotografías: @shonnyromero | Gemini.


