La reconocida actriz, docente y académica chilena, Ana Reeves, ha encendido el debate en el entorno digital tras compartir una honesta y punzante reflexión sobre la verdadera vocación artística y el fenómeno de la búsqueda de notoriedad en la era de las redes sociales e internet.
En una reciente entrevista brindada al programa Revelados de la Universidad de Chile, la galardonada intérprete con la Orden al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda cuestionó a quienes confunden la profesión escénica con un trampolín hacia el reconocimiento público.
El crudo consejo a los jóvenes con la franqueza y autoridad que le otorgan sus más de 40 años de impecable trayectoria en las artes dramáticas, Reeves fue categórica al aconsejar a los aspirantes que solo buscan figurar en las pantallas: «Si de verdad lo sientes, tienen que hacerlo. Si quieren ser famosos, no estudien esto. No lo estudien, háganse amigos de un productor, vayan para otro lado, pero no gasten plata. Si quieren hacerse famosos, pueden hacer muchas otras cosas».
Para la veterana actriz y profesora, ingresar al exigente mundo de la interpretación con el único norte de acumular seguidores o conseguir visibilidad inmediata es un error que desvirtúa la disciplina del teatro y la televisión.
¿Cuándo sí vale la pena estudiar arte?
Lejos de querer desmotivar a los nuevos talentos, Reeves aclaró que el camino de la actuación es sumamente enriquecedor y digno de ser vivido, siempre y cuando exista una convicción que nazca desde las entrañas.
La artista detalló los valores que realmente definen a un verdadero hacedor del arte:
- Convicción profunda: Debe ser algo que «les pida y les exige y digan ‘esto es lo único que quiero hacer'».
- Rigurosidad y entrega: Requiere de una disposición absoluta para trabajar con tesón, fuerza y respeto hacia los compañeros.
- Aporte humano: El objetivo final debe ser el crecimiento colectivo y la sociedad.
Al cierre de su intervención, la docente dejó un mensaje que resume la diferencia entre buscar el éxito superficial y encontrar la plenitud profesional: «Si quieren ser famosos, no estudien ningún arte, menos actuación. Si quieren ser personas de verdad, felices esencialmente y aportar a la sociedad y a los seres humanos, entonces sí, estudien artes».


