En la intimidad del Bar Alzacopas, un espacio madrileño y venezolano pensado para catas de vino y reuniones privadas, Laureano Márquez y Ricardo del Búfalo transformaron la noche en foro. Entre risas y silencios incómodos, este lunes, el humor se volvió puente entre la diáspora venezolana y un país de anhelos y «guachafitas».En la sala, los recuerdos se filtraron entre los aplausos y risas, como si cada remate de Márquez y Del Búfalo fuera, al mismo tiempo, una válvula de escape y una forma de seguir pensando en voz alta un país que, incluso en la distancia, no deja de interpelar a su gente. “El venezolano está pensando en este momento es si va a haber un cambio político en el país o no lo va a haber. Más que un pensamiento es una angustia que creo percibir que tiene el venezolano”, comentó Márquez a El Nacional, al finalizar el evento.La cita fue una excusa que combinó stand yo comedy con conversatorio sobre Venezuela y el exilio. El show estaba organizado para el cierre de la Feria del Libro de Madrid, el domingo 14 de junio, sin embargo, las autoridades clausuraron el parque El Retiro donde se hacía la feria con anticipación por clima adverso. Los humoristas tomaron el asunto como un punto de partida para desatar la risa: «Nos cancelaron el evento por una lluviecita, ellos no saben lo que es estar emparamado en un diluvio en Las Mercedes», soltó Del Búfalo.Ambos humoristas recorrieron en su narrativa del recuerdo grandes momentos del humor político en Venezuela empezando por La Delpiniada una sátira política y mascarada bufa celebrada en marzo de 1885 por jóvenes intelectuales caraqueños para burlarse de la extrema vanidad, culto a la personalidad y megalomanía de Antonio Guzmán Blanco. El evento parodiaba la forma en que el dictador nombraba todo con su apellido o se autoproclamaba el genio de la historia, con lo que los humoristas exaltaron a Francisco Antonio Delpino y Lamas, un humilde, excéntrico y versificador ciudadano que vivía en el barrio El Guarataro de Caracas. Cuenta la leyenda que Guzmán Blanco nunca se enteró de dicho acontecimiento.Años más tarde -recordaron- se hizo lo mismo bajo el gobierno en de Juan Vicente Gómez en un evento que denominaron La Sacrada, pero Gómez sí de dio cuenta y mandó a cerrar la Universidad Central de Venezuela y a meter presos a los estudiantes que lideraban el jolgorio. «Hubo muchos códigos humorísticos que se utilizaron para resistir y esa gente terminaba presa», enfatizó Del Búfalo.
El humor del venezolano dentro y fuera del país
Al salir del escenario, en entrevista con El Nacional, Márquez reflexionó sobre el papel del humor en el actual momento histórico y la diferencia entre hacer comedia dentro y fuera del país: “El humorista que está adentro ha estado mucho más limitado que los humoristas que pueden hacer su presentación fuera porque dentro la gente no se puede reír libremente y tampoco se pueden reir de todo, porque no hay existen esos espacios”.El también politólogo subrayó que la censura y la presión política han desplazado el humor hacia otros territorios, pero sin borrar la necesidad de la sátira, siendo que el humor «ha ido cambiando hacia otros temas menos políticos”, incorporando asuntos de “vida cotidiana, de sexualidad, de otras cosas, de otros temas”, aunque, a lo largo de las décadas, “Venezuela siempre ha tenido picos en el humor”.En su análisis, esos picos están directamente vinculados a los niveles de angustia social. “Cuando la gente tiene más niveles de angustia, el humor político se eleva y se exacerba. Cuando la gente se siente más relajada, el humor político baja, pero también el humor político baja cuando la gente se siente presionada o el humorista se siente presionado. Entonces, tiene que buscarse mecanismos para sobrevivir”, explicó.Por el contrario, el encuentro de Márquez y Del Búfalo es un ejemplo de que desde el exilio, el público tiene más libertad para reirse de los males, tanto del país de origen como del país de acogida pero está marcado, a su vez, por el desarraigo y el anhelo.«Los venezolanos que migraron tuvieron que irse por un montón de razones y eso lo tiene acumulado en el alma y le hace que quiera sátira política, quieren que el humorista diga cosas que ellos no pueden decir o que se las diga públicamente, o sea, que sea su expresión”.El intérprete también hizo una autocrítica y un balance de su propio recorrido. Reconoció que, tras décadas de trabajo, siente que ciertos temas ya han sido agotados en su discurso: “yo siento que en muchas cosas he dicho todo lo que tenía que decir”. Esa sensación lo empuja a mover el foco: “quiero también decir cosas diferentes, quiero tocar otros temas; por ejemplo, en este momento quiero tocar más el tema de la nostalgia, es mi propio tema”.Márquez enmarcó esa búsqueda de nuevos registros en los proyectos que desarrolla actualmente junto a Emilio Lovera, una propuesta que definió como un trabajo con “historia y reflexión sobre el país” y que saldrá a la luz en poco tiempo. El humorista sostuvo que, en su opinión, este tipo de espectáculo puede resultar “útil” en este momento para Venezuela y justificó así la apuesta por ese formato, en el que el humor funciona como herramienta de memoria y no solo como vía de evasión.Ante tantos creadores de contenido en Internet y el cambio generacional, habría que recordar los inicios del humor político y crítico de Márquez que, junto a grandes figuras como Emilio Lovera o Gilberto González, apuntaban a un humor que buscaba la reflexión sobre la actualidad del país. Ejemplo de ello son sus trabajos en el programa de RCTV La Radio Rochela y posteriormente en La Reconstituyente, un espectáculo que parodiaba el proceso de la Asamblea Nacional Constituyente de 1999 y que es considerada por el autor como un hito clave en su trayectoria.Consultado sobre si el humor del venezolano ha cambiado en los últimos años, expresó: «Si ha cambiado porque las nuevas generaciones tienen nuevos estilos de humor, hay mucho público joven que ya no sabe de mi. Por un lado, van surgiendo nuevos humoristas, hay otros códigos distintos hay nuevas tecnologías y por el otro, en Venezuela se cerraron todos los espacios para el humor. Obviamente siempre hay una nostalgia, pero eso ya es diferente».Márquez culminó con la famosa frase de Aquiles Nazoa sobre el «pensamiento de contrabando» que dice que «el humor es una manera de hacer pensar sin que el que piensa se dé cuenta de que está pensando». Así, enfatizó que el estado de ánimo del venezolano está atravesado por la incertidumbre: «El venezolano está pensando en este momento si va a haber un cambio político en el país o no. Es más que un pensamiento, es una angustia que creo percibir que tiene el venezolano. El venezolano quiere saber si todo va a seguir igual o va a cambiar; si va a poder expresarse o no; el venezolano quiere respuestas».


