A partir de este viernes 10 de abril y solo por tres únicas funciones, se estará presentando en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural, el monólogo Yo soy Madame La Fontaine, interpretado por Manuel Arguinzones y dirigido por Aníbal Grunn. Una suerte de café concert, que invita a descubrir las peripecias de una migrante venezolana nativa de Río Caribe en la ciudad luz, que termina convirtiéndose en institutriz del idioma francés.
En este recorrido autobiográfico la cultura francesa se fusiona con los colores del trópico, para contar un tránsito vital lleno de divertidas anécdotas y duros momentos, que van conformando un relato para concluir que la vida vale la pena transitarla.
Nacido en la ciudad de Maracay de padre francés y madre oriunda de Río Caribe, Arguinzones desde muy niño tuvo la inquietud por la cultura gala -quizá el llamado de la sangre-lo lleva, a principios de los años ochenta, a migrar a Francia becado por la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho para estudiar en la Escuela Superior de Bellas Artes en París, donde logra convertirse en artista plástico y entrar en contacto con la cultura y las artes europeas. Este periplo estudiantil logra conformar en él, el buen gusto y la fusión de las dos culturas.
Las vicisitudes de la vida y el amor lo llevan a migrar de París a la ciudad de Nueva York, que es donde realmente se desarrolla como artista de la imagen, enfocando su trabajo en el diseño e intervención de objetos de la vida cotidiana. Y es en esta ciudad donde, por azares del destino, descubre un talento performántico particular: un día de Halloween trabajando en un restaurante, decide disfrazarse, gracias a la complicidad de un amigo -que le consigue el traje de baño que usó la Miss Venezuela Albany Lozada para el Miss Mundo-.
Desde ese momento, sintió que desde el travestismo tenía algo que comunicar y es ahí cuando comienza un viaje fascinante, encarnando a distintas divas del mundo de la canción en locales nocturnos de la Gran Manzana, lo que pudiéramos considerar como el génesis de este personaje, Madame la Fontaine.
De regreso a Caracas a mediados de los años noventa, Manuel continúa desarrollando su profesión de artista plástico y lo seduce la docencia en esta área para finalmente terminar, a su vez, dando clases de francés en la Alianza Francesa de Caracas, donde llegó a ser su director en la sede de Chacaito.
Esta mezcla de disciplinas, artes, oficios y pasiones son las que bullen en él para que finalmente, en pandemia, nazca el personaje de Madame La Fontaine, como un proyecto publicado en la red social Instagram que buscaba un aporte a la humanidad en esos meses de confinamiento: hacer algo productivo, enseñar a los seguidores el idioma francés.
Es el director Miguel Issa quien lo seduce para crear el monólogo y llevarlo a las tablas. ¿Pero de qué hablar? ¿Cómo concretar en escena un discurso de interés más allá de lo performático Serían las preguntas que Manuel se hacía y es así como surge la autoficción. Es de esa forma como este artista de la transformación va construyendo el relato de la vida de esta institutriz francesa, fusionándolo con su biografía.
Esta dramaturgia del “yo“ le posibilita exorcizar y poner en escena un recorrido fascinante lleno de comedia, matices, anécdotas, amores, miedos, confrontaciones, alegrías y miserias que enfrenta todo migrante al iniciar su tránsito por el mundo. Este viaje del héroe se transforma en un espectáculo que ahora, de la mano del veterano director Anibal Grunn, le permite al espectador viajar a la infancia en un pueblo del Oriente de Venezuela, hasta iniciar un viaje trasatlántico para descubrir una cultura distinta, aquella plena de arte, literatura, cultura en general que era París en los años ochenta y cómo ese melange conforma una vida apasionante que vale la pena contar.
Yo soy Madame la Fontaine, sin duda alguna, ofrece un espectáculo redondo, estéticamente muy bien cuidado, desde la caracterización de Arguinzones, apoyado por el diseño de vestuario de César Andrée, la iluminación de Alejandro Martínez y una dirección de arte exquisita que enmarca un fascinante estuche francés que les permitirá disfrutar de un suculento bombón tropical.
Y aunque Manuel Arguinzones afirme que él no se considera actor (ya que no se formó en la profesión como tal), sinceramente es un genial intérprete que se posesiona de la escena como un felino, lentamente, y luego lanza el zarpazo que te impide dejar de seguirlo y acompañarlo en esta aventura de principio a fin, gracias al savoir faire que dan los años de experiencia y confrontación con el público de la vida nocturna que lo han transformado en un artista integral.
Usted que me lee, le recomiendo hacer este viaje en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural, directo de Río Caribe para el mundo, los días viernes 10 y sábado 11 a las 7:00 pm y el domingo 12 a las 8:00 pm. Le aseguro que no se arrepentirá y, si lo hace, recuerde que #Yonoquieromolestar
L.A.R
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