Destacados #Crónica: Perdedores hermosos (I/IV)

#Crónica: Perdedores hermosos (I/IV)

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Memorias de un viaje a Mérida, en el marco del Festival de Teatro para Mérida.

 

I/IV

“(…)conozco un analista que lo habla él todo,
y los pacientes lo escuchan con paciencia o sin ella…”

(En El almuerzo Desnudo de William Burroughs)

 

Fuimos invitados a participar en la primera edición del Festival de Teatro para Mérida. Estuvimos durante cuatro días en la ciudad. Viajamos y presentamos dos trabajos, dos monólogos: “Las Trenzas” de mi autoría y “Kassandra” de Sergio Blanco, protagonizadas por Abilio Torres y Sara Valero Zelwer respectivamente, y ambas bajo mi dirección.

Con “Las Trenzas”, viajamos una semana después de habernos alzado con el galardón a mejor dramaturgia (2018) entregado por la Asociación de Crítica Teatral Venezolana (AVENCRIT). Un año antes, estábamos recibiendo honores similares, de la mano de la Fundación Isaac Chocrón. Casi dos años de camino desde su estreno. Conmocionando e impresionando. Quizás a partes iguales, y con un profundo agradecimiento a quienes nos han apoyado y brindado su mano en este tiempo.

Con “Kassandra” de Sergio Blanco, por el contrario, hemos tenido un trayecto poderoso pero humilde en Caracas. Sumando a la fecha 12 presentaciones, un transitar corto, pero contundente, que nos ha llevado a darle la mano a fundaciones como CEPAZ y FUNDAMUJER. Con un proyecto que busca salir de la zona de confort: itinerante, diseñado para espacios no convencionales, y con un profundo sentido crítico de país. Así hemos logrado llegar a comunidades vulnerables como La Dolorita, en Petare, e incluso presentado funciones para enfermos en diálisis.

Desarrollamos una revista de la mano del artista Erlen Zerpa: “Kassandra Limited Edition”, aún inédita, proyecto con el que seguimos buscando financiamiento para su impresión. Y vamos alzando la voz de la tragedia en forma de comedia, a ver si alguien nos cree, nos escucha… la voz sobre la maldición que Apolo lanzó sobre la sacerdotisa troyana.

En ambos trabajos se ha hablado del compromiso, la entrega y la capacidad de desdoblamiento del actor y de la actriz. Términos van y vienen. En principio los que le son propios al ejercicio dramatúrgico, y en otros casos a los conceptos intelectuales y más acádemicos, como es el caso de la “Autoficción” de Serge Doubrovsky recuperada por Sergio Blanco en su constante labor dramaturgica.

Del otro lado, mi ejercicio alquímico dramatico transmitido en “Las Trenzas”, diseñado bajo un profundo sentido de la intuición, y sus apartado lúdicos. La visión del juego actoral y sus límites. Artaud conviviendo en todo este tránsito, junto a la coincidencia universal del teatro post-dramático,  donde también entra en juego el bio-drama de Vivi Tellas, que incluso llega a conversar con la sensibilidad autobiográfica de Isaác Chocrón.

Todas formas y variantes de un arte vivo, que se modifica con el paso del tiempo, y que en su antigua herencia nos lega la posibilidad de retar al hombre frente al hombre, cuestionándolo, removiéndolo desde sus escaparates emocionales más internos.

Todo jugando en un mismo tiempo. Pasado, presente y futuro en el juego teatral, actoral y espacial. Pues en esa forma como vemos la vida, llevamos a cabo nuestro trabajo, y nos relacionamos con el otro.

Sobre estas formas y la aventura de nuestro viaje a Mérida, se alzan las bases de estas memorias, que podrán disfrutar a lo largo de cuatro entregas semanales.

Es un viaje que acumula una extensa serie de cuartillas, así que siendo coherente con la cita de Burroughs que encabezan estas líneas, aquí va el “analista” escribiéndolo él todo, esperando que sus lectores lo lean, con paciencia o sin ella.

 

I

Caracas.

Martes 17 de Diciembre.

 6:06am

Despierto.

Tarde.

Tendré media hora de retraso.

A Abilio Torres debo buscarlo en su casa para llevarlo al terminal “La Bandera”, en el camino debo pasar por una actriz que nos acompañará en el trayecto; en principio será de unas 12 horas de recorrido por carretera. La desinformación acerca de cómo llegar a Mérida sobra. Se habla apenas de dos líneas que viajan hacía la sierra, el mayor conflicto que acarrea este servicio es la escasez de gasolina en el país.

Tenemos un comodín bajo la manga, una agrupación que viaja previo al festival ha logrado el contacto con un trabajador de una de las líneas, él está enterado de nuestra partida el martes y con él se ha “palabreado” una posible reservación. Tenemos todo lo necesario, debemos estar antes de las 7am en el terminal. Hacer la cola. Comprar los pasajes. Esperar por el autobús que inicia su recorrido en horas de la tarde. 3pm. Probablemente.

Días antes, cada uno, hemos logrado cambiar diez dólares a bolívares, que nos ayudarán a solventar cualquier problema de efectivo que se nos plantee en el camino o, en la Mérida in situ.

Hacemos teatro e iremos al interior del país, ninguna de esas dos ocurrencias nos salvaguarda de nada.

En el terminal exigen una parte en dólares y otra por punto de venta. Tenemos el dinero contado para ello. Desde el inicio lo hemos asumido como una aventura. En mi caso la oportunidad de conocer una ciudad que es una deuda cultural para mi. Quise en mi adolescencia irme a Mérida a estudiar cine, los pocos recursos con los que contaba lo impidieron, pero gracias al “Programa Samuel Robinson”, proyecto curricular de la Universidad Central de Venezuela (UCV) terminé licenciándome en artes. Cinematográficas.

Así que por lo menos llevo veinte años de despecho con relación a Mérida. Una paca de efectivo, y toda la ansiedad que un amor platónico puede generar.

Dejo a Abilio y nuestra compañera en el terminal a las 7:00am. Abilio se hará cargo de hacer la cola, yo debo resolver algunas cosas. Nuestros equipajes yacen en casa. No hemos desayunado. Los preparativos finales inician su cuenta regresiva.

9:00am.

Abilio llama: “El hombre de la reservación se desapareció, la línea no ha abierto, se rumora que no llegará el autobús, y que hay que esperar hasta la 12:00pm. que llegue la unidad, y posiblemente sea para montarse de una vez y salir, han cambiado el precio de los pasajes, y no funcionan los puntos hay que pagarlo todo en efectivo. Parece que el autobús saldrá a la 1:00pm. y no a las 3:00pm. como habíamos previsto, y tenemos que estar todos aquí al menos una hora antes ”.

El pesimismo que me caracteriza no se sorprende por la noticia. Abilio asume con la resistencia que lo define, su rol de plantado en la terminal. Reímos uno a cada lado de la línea. Ambos compartimos ese mórbido sentido del humor que de alguna forma nos ha unido. Decidimos esperar de lado y lado, hasta que haya respuesta de las líneas de autobuses. Debo volver al terminal a entregarle a Abilio parte del efectivo para la compra de los pasajes.

La actriz que nos acompañará ha decidido cambiar de opinión, ya no viajará, la persona que la iba a recibir en Mérida ha desaparecido. Paso por ella en la terminal, sin antes darle el resto del efectivo a Abilio para la compra de los pasajes, ella nos ha prestado una parte, les he llevado desayuno, ella come, Abilio lo rechaza. Me pide que la deje en la unidad médica de profesores de la UCV. Lo hago. Luego me dirijo a casa de Abilio a buscar su maleta. Debo ir y venir.

Se olvidan cosas, se presentan otras. Las calles de Caracas están un poco colapsadas, lo normal del flujo automovilístico caraqueño, en un día cien por ciento caraqueño, digamos: stress, picardía, malandraje, arbitrariedad, y el sentido del humor que aligera la carga de vivir en una ciudad que ahora, más que peligrosa, es miasmática.

Implantando una suerte de lucha por la supervivencia, caníbal y violenta. No debe ser por nada que los índices de suicidio aumenten exponencialmente, año tras año. Es una suposición. ¿Dónde se consigue la data?

Un colega me llevará desde casa hasta la terminal con el equipaje. Allá luego nos encontraremos los tres: Sara, Abilio y yo.

La esencia, el equipo de “Las Trenzas” y “Kassandra”.

(INCISO)

 

Crónica de un viaje a Mérida

La primera edición del festival de Teatro Para Mérida, lo organiza Juan Carlos Linares junto a Gunther Blankernhorn, ambos responsables de la empresa Aforo Producciones, quienes en alianza con un sinfín de marcas comerciales de la capital, auspiciaron levantar el Festival.

Organizado para agrupaciones de cuatro estados del país, Caracas, Los Teques, Guanare, Valera y Mérida para la presentación de treinta y siete funciones en las instalaciones del: Centro Cultural Tulio Febres Cordero, el Colegio Inmaculada Concepción, La Escena Teatro Bar en la Hechicera y el Espacio Proyecto Libertad en la Avenida Urdaneta.

Alrededor de diez espacios escenicos.

El festival inició sus actividades el 15 de diciembre, culminando el 21 de diciembre de 2019.

(CIERRE INCISO)

10:30am.

Abilio llama, el autobús saldrá a la 1:00pm. Hay que estar una hora antes de lo previsto en la terminal. Le digo a Sara que debe estar al mediodía. Yo debo terminar de llegar a casa. La persona que me vendrá a buscar, sale justo al mediodía de donde está. Eso acorta mis posibilidades de estar a la hora prevista. Intento pensar en una manera que me permita llegar con el equipaje de Abilio y el mío al terminal antes de lo previsto.

Tomo la Boyacá desde la Baralt. Directo “Los Ruices”. No son las 4:20, el reloj marca las 11:30am, me gustaría que fuesen las 4:20. En el camino hasta la “Calle B”, paso por Montecristo, veo la chicharronera, la misma que aparece en la “Guía Gastronómica de Caracas”.

La ansiedad y un vacío en el estómago, me dicen: Una empanada de carne molida te sentaría bien en este momento. Estaciono, pregunto. Una negativa deprime a mi gordura. Retomo el viaje a dejar las maletas y ser buscado.

11:45am.

Abilio llama: “Logré comprar los pasajes. Relájate. Sale a las 2pm” Perfecto. El plan original sigue en pie. Sara estará llegando a las 12:30 al terminal, y yo posiblemente unos minutos después.

Termino de ordenar los equipajes. Y espero a que me vengan a buscar.

12:45pm.

Llego al terminal. Me reciben los orcos en esta tierra de desgracia y oscuridad, vociferan: te llevo el equipajecambiamos dólaresvente que te acompaño a comprar el pasaje… Los espanto con la mirada y la actitud de quién sabe a dónde va. Mi fenotipo siempre me ha llevado a estar en circunstancias idiosincráticas específicas.

Soy caraqueño de madre colombiana y padre cubano, mis genes han viajado distancias hasta caer en esta tierra, un paraíso prehistórico que han decidido desvalijar, donde escasea el valor del alma e ímpera la necesidad del oro. Una tierra donde sus habitantes más olvidados sistemáticamente -ideológicamente- confunden el color de los ojos con el poder adquisitivo. Me gustaría a veces gritar que tengo los ojos verdes sí, pero que mis bolsillos están vacíos, más vacíos seguramente que el de cualquiera de ellos, solo que mi poca plata va a la inversión de lo que me acostumbré a hacer para vivir, y que normalmente no me da para vivir y exige más de lo que gano.

1:00pm.

Nos encontramos en la terminal. Sara, Abilio y yo nos vemos, tendremos 4 días para intercambiar ideas, conocernos más, entender nuestra dinámica de equipo, y si funcionaremos como equipo. Las condiciones no son fáciles. El festival afortunadamente nos proveerá de un lugar al cual llegar, y donde podremos pasar nuestros días. En todo caso, de nosotros depende parte de nuestra alimentación y movilización en la ciudad, es lo que nos han dicho, la situación precaria del país así lo dispone.

¿Se imaginan organizar un festival de teatro en las condiciones en las que está el interior del país? ¿Movilizar gente de Caracas, Guanare, Acarigua, Los Teques, Valencia, Maracay? Solo es posible con la voluntad humana, evitando a toda costa mirar de frente los ojos de la bestia para no caer agotados por la realidad. Afortunadamente la coraza de ilusión del teatro mantiene viva la llama de una necesidad imperante del hombre de mantener la comedia a toda costa.

La llama del teatro, se vale de su coraza y sus gríngolas.

Cada seis horas o más, se va la luz en Mérida. Hay que hacer colas de dos y cuatro días para buscar gasolina.

En Caracas ya el público escasea, los teatreros batallan contra las infraestructuras que año tras año sufren el maltrato del tiempo y la falta de mantenimiento. Es así como el balcón de TEATREX, se inunda por la cascada de agua que se genera cada vez que llueve. O el sótano del teatro TRASNOCHO es consumido lentamente por la humedad. La misma razón que llevó al estado más lamentable, las salas 1, 2 y Experimental del CELARG. Son la prueba viviente del maltrato político y humano.

Si en Caracas las salas ya sufren. ¿Cómo será en el interior? ¿En Mérida? ¿Recuerdan Mérida? La ciudad que se prendió durante casi o más de doscientas protestas en 2018. La ciudad más joven… la envejecieron ¿se envejeció? Es la ciudad que se prendió en guerra, y habrá quedado rota, de alguna manera… ahora hay que remendarla. Como al país.

Llevo en mi maleta tres pequeñas luces que me ayudarán a complementar la planta de iluminación de “Las Trenzas”. En un espacio en el que posiblemente no exista la iluminación adecuada para la obra, me hace pensar que debo proteger mi obra, es mi responsabilidad, es mi búrbuja de ilusión. Una maleta de casi 90x70cm donde descansan comprimidamente equipos, ropa y maquillaje.

1:45pm.

Es hora de abordar el autobús.

¿Qué es eso que vemos? ¿Cuáles son las escaleras que estamos subiendo? ¿Dónde nos tendremos que acomodar?

Días antes conocí a Adrian Geyer, cineasta. Estaba a pocos días de estrenar su monumental documental “Juan”, un hermoso registro-ensayo, sobre la vida de ese milagro de hombre llamado Juan Felix Sánchez, artesano de dios, parido en la tierra de San Rafael de Mucuchies.

Le comentaba a Geyer que estaba a punto de emprender una aventura hacía tierras merideñas, intentaba permearme mentalmente sobre las condiciones del viaje, el tiempo que nos llevaría a estar sentados viendo los árboles pasar entre las tierras vírgenes metódicamente destrozadas por la gestión de la barbarie y la maldad.

 

-¿Me comentan que son 12 horas de viaje por carretera?

-No tanto. Pueden ser unas 10 horas.

– ¿Tan poco?

-Dependerá de cómo viajen. Pero si es factible que sean 12 horas. Las paradas del autobús lo determinarán. ¿Llegas directo a Mérida?

-Hay una alta probabilidad de que tengamos que hacer una escala en el Vigia, y de ahí agarrar otro autobús hasta Mérida.

-Sí, entonces es probable que sí sean 12 horas.

Al vernos las caras, los tres caímos en cuenta del viaje que nos tocaba. Era una ENCAVA, cualquier otro autobús alrededor se visualizaba más cómodo que “la camioneta por puesto” en la que estaba signado nuestro destino. Doce horas por carretera a Mérida en una ENCAVA. En la parte trasera.

Créanme cuando les digo que solo faltaba la gallina en la jaula para terminar de armonizar los éxitos completos del vallenato que el conductor nos obligó a escuchar durante todo el trayecto.

Me armé de paciencia. La meditación trascendental (MT) me ha ayuda a intentar liberar la mente de las sensaciones que a veces el cuerpo sufre frente a los pensamientos derivados del momento presente. No sé sinceramente si se trata de abrazar el destino, pero sí de comprender que el presente es lo que es. Y las decisiones hay que abrazarlas. Ser fiel a uno mismo.

Me pregunto… ¿estamos siendo fieles?

LA PARTIDA. 

Crónica de un viaje a Mérida

2:00pm

El viaje fue difícil.  Como cualquier viaje por carretera, que no conlleve el frío glacial de un búscama y sus comodidades. Intentar dormir en posición vertical quizás sea una de las cosas para las que el ser humano no esté condicionado. Hay que armarse de valor y de entretenimiento, de plan vacacional, buscar las posibilidades de hacer que el tiempo corra como las ruedas de un autobús.

5:45pm

La primera parada la hicimos en medio de la carretera. Meamos arbustos, tomamos un café. Y fumamos un cigarro. Luego no hubo más variaciones. Hasta la segunda parada, y el inicio de un descenso no previsto. Volver al autobús y rodar nuevamente.

10:00pm

“La Parada de Sabaneta”, fue la más larga y la vuelta de tuerca. El chofér tomó la ruta de Barinas, considerablemente más larga. Apenas picamos alguna cosa. Hasta llegado el momento de volver a subir, pero esta vez bajo la arbitrariedad de “la seguridad” o “la flojera”. Antes de montarnos fuimos invitados a subir todo el equipaje de la maleta del ENCAVA al pasillo interno. Y tres nuevos acompañantes se subieron con nosotros.

Si esto no es sospechoso, no sé que lo sea. El conductor dio sus razones: en Sabaneta, paran los autobuses, arrancan las puertas y roban los equipajes. En todo caso ya no había vuelta atrás. Iríamos comprimidos toda la humanidad que viajaba junto a sus equipajes. ¿Íbamos sobre el equipaje o el equipaje iba sobre nosotros?

Sara comentaba sobre el maltrato. El maltrato es un término interesante. Proviene de una relación dual entre el poder y los sumisos que éste crea. El maltrato del chofer del autobús, resulta una irónica metáfora a la venezolana.

¿Qué hora es? No lo sé, ya no veo la pantalla del teléfono y poco me importa. ¿Cuánto falta para llegar? Da igual, es la decisión de otro. La relación de poder que se da entre un sádico y un masoquista es la del control consensuado. Esto es bastante cercano.

“Al Vigia” llegamos alrededor de las 4:00am. En el camino, el oscuro camino, el autobús iba dejando a esos otros que nos acompañaron en espacio físico. ¿Cuánto tomó esto? ¿14 horas? La verdad no volví a pensar en mi conversación con Geyer.

Esto no es turismo. Me digo. En este autobús viaja gente a hacer cualquier tipo de actividad, visitar a sus familias, y más por estas fechas, o algunas urgencias de último minuto. Viajar en estas condiciones pone a pensar en el criterio venezolano del mientras vaya viniendo vamos viendo, el estupor del acostumbrarse al rezo de lo popular, condicionado a los sistemas más arbitrarios, caóticos y espeluznantes que puedan existir.

Cuando uno viaja por carretera en este país, y te paras bajo el inmenso sol que lo ilumina en su tarde más calurosa, no es para nada difícil preguntarse ¿en qué parte del mundo estoy? Piensas en la buena mano del hombre capaz de hacer trabajar esa tierra, luego en los que impiden que la prosperidad sea un parangón en este país de idiotas. En la vulnerabilidad a la que estamos sometidos, frente a la estupidez de brutos, ciegos y sordos.

3:48am

Al llegar al Vigia, lo necesario, el cambio de transporte. Lo usual, la falta de información. ¿Cuál es el próximo autobús que parte hacía Mérida? ¿En qué momento? ¿Con cuánto tiempo de espera? Montamos las maletas confiando en un primero. Luego Sara descubrió que había un segundo que viajaba inmediatamente, hicimos el cambio agotados e incómodos con nosotros mismos.

El tiempo que faltaba lo hicimos en un autobús más cómodo y abrumadoramente frío, en comparación con las horas pasadas. Yo finalmente dormí lo que pude en el trayecto.

Pregunté al chofer si conocía el hotel donde nos hospedaríamos y me respondió solo con un parco: yo solo llego al terminal. 

Crónica de un viaje a Mérida

6:40am

Así fue cinco minutos después.

¿Quién nos recibiría? Mi teléfono estaba en modo avión, para mantener la poca batería que quedaba. Algún mensaje de whatsaap llegaría de parte de los asistentes de producción del festival.

Unos minutos después.

Señal.

Vibración.

Whatsapp.

Daniel P.

Llamando

Daniel P. Quién nos sirvió de transporte hasta el hotel donde nos hospedaríamos, mientras comentaba:

nadie tiene gasolina, la ciudad es un asco, todo se acabó, ese restaurant chino es una mierda

Así, con Daniel P., un tipo de lentes, fenotipo y acento absolutamente andino, con la sierra  a la distancia en el trayecto… subiendo la avenida las Américas, rumbo a la joya de la corona, el hotel…

…ahí, nuestra estancia en Mérida iniciaría.

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Continúa con la segunda parte AQUÍ

 

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