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Un verano en Stratford y Londres con Shakespeare

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Lo que se lleva este verano en Gran Bretaña es Shakespeare. Sí, ya sé que murió hace 400 años. Pero precisamente por esto, por la fatalidad de los números redondos, a los británicos les da por recordar la vitalidad del escritor. Y no es para menos, ya que estamos ante el dramaturgo más representado de todos los tiempos. Un autor que ha logrado que Romeo, Julieta y Hamlet se hayan incorporado para siempre al imaginario popular.

En Stratford-upon-Avon, ciudad donde nació William Shakespeare en 1564, se frotan las manos por la fortuna caída del cielo. Allí todo remite a Shakespeare. Empezando por la casa donde nació. Acabando por la tumba, en la iglesia de la Santísima Trinidad.

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Stratford es una localidad con plácidos prados verdes a orillas del río Avon. Calles tranquilas, casas bajas de época, varios teatros y miles de turistas que acuden atraídos por la marca Shakespeare. Es muy probable que sin el dramaturgo el turismo ignorara esta ciudad, pero Shakespeare lo bendice todo. Hasta el extremo que venden helados y batidos con la imagen del escritor. Aprovechan que Shakespeare empieza por ‘shake’ (batido en inglés).

En los restaurantes hay platos con nombres de obras de Shakespeare. Y los más teatrales pueden comprar calaveras de plástico para ensayar una variación del monólogo de Hamlet. “To sell or not to sell”.

En la casa natal de Shakespeare cuentan los guías que el escritor fue el tercero de los ocho hijos de John Skakespeare. El próspero comerciante se casó con Mary Arden. La casa es grande. Hay actores disfrazados que cuentan cosas de Shakespeare. También una tienda que vende obras, camisetas y tazas con la imagen del genio. Las camisetas, por cierto, ganan por goleada a los libros a la hora de pasar por caja.

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En la conservada escuela King Edward VI se pueden visitar las aulas donde estudió el dramaturgo. A los 18 años se casó con Anne Hathaway, de 26 (embarazada de tres meses), con la que tuvo tres hijos. Shakespeare tuvo que marcharse de Stratford cuando lo pillaron cazando un ciervo furtivamente. Sea cierto o no, de la década de 1580, los “años perdidos”, tenemos pocas noticias de él. Lo siguiente que sabemos es que está en Londres abriéndose paso como autor teatral.

La casa de una de las hijas de Shakespeare, esposa del médico John Hall, es otro de los lugares más visitados. Junto con la iglesia de la Santísima Trinidad. El cura pide a los turistas que respeten un lugar de culto, pero las selfies ante la tumba son continuas. No es seguro, por cierto, que Shakepeare esté bajo la lápida, pero las palabras grabadas que indican “bendito sea el hombre que respete estas piedras / y maldito el que remueva mis huesos”, han hecho que nadie ose comprobarlo.

La visita a las cercanas granjas de Anne Hathaway y Mary Arden puede completarse asistiendo a una representación de un Shakespeare en Stratford. Si no quedan entradas, siempre se puede visitar el ‘backstage’ de los teatros de la Royal Shakespeare Company, incluidos The Swan y The Other Place.

Por cierto, es curioso como los guías se refieren a Macbeth como “the scottish play”. En el mundillo teatral trae mala suerte pronunciar este nombre.

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Saltamos a Londres. Hacia el escenario del éxito de Shakespeare. El reconstruido teatro The Globe ofrece presentaciones en un ambiente que recuerda al de la película Shakespeare in love. Mientras que en un pub cercano, The George, puede verse todavía cómo eran las antiguas posadas. En sus patios se representaban obras de Shakespeare en un ambiente popular. Mientras el público comía y bebía.

En la British Library una completa exposición conmemora el 400º aniversario de su muerte. Pero los devotos harán bien en visitar lo que queda de The Rose, el teatro en el que debutó.

“Las ruinas de The Rose se descubrieron en la orilla sur del Támesis en 1989”, cuenta la actriz Suzanne Marie. “Construyeron encima un edificio de oficinas. Pero conseguimos que conservaran los cimientos del teatro. Aquí representamos obras de Shakespeare para reunir el dinero necesario para reconstruir el teatro en el futuro”.

Suzanne sueña. Las luces iluminan la estructura circular de las ruinas. Inundadas por las humedades del río, parecen invocar el espíritu de Shakespeare. Es el autor fallecido hace 400 años que consiguió la paradoja de ser inmortal.

Fuente: Xavier Moret / El Periódico

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