El sector cultural venezolano atraviesa días de luto tras conocerse el fallecimiento del actor, músico y pedagogo Francisco “Pancho” Salazar, el pasado 14 de febrero. Salazar es una figura ampliamente reconocida por su versatilidad artística y su aporte a la formación de nuevas generaciones de intérpretes.
La noticia provocó reacciones inmediatas en la comunidad teatral y musical del país, donde colegas, alumnos y gestores culturales destacaron su capacidad para unir arte, pensamiento y docencia en una misma vocación.
Un artista integral formado entre teatro, música y psicología
Salazar desarrolló una trayectoria marcada por la preparación académica rigurosa. Se formó en la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela, estudió psicología profunda en Caracas y cursó música en el Conservatorio Juan José Landaeta.
Sobre el escenario recibió guía de maestros internacionales, mientras que en el canto lírico fue discípulo de reconocidas figuras pedagógicas del bel canto. Esa combinación de disciplinas moldeó una carrera poco común: actor dramático, cantante lírico, director, docente universitario y terapeuta.
De las tablas al cine: una carrera amplia y respetada
Desde sus primeros pasos en agrupaciones universitarias hasta su presencia en compañías emblemáticas, Salazar consolidó una presencia constante en el teatro venezolano. Formó parte de colectivos históricos y fue uno de los primeros directores del Taller Experimental de Teatro.
También dejó huella en el audiovisual, participando en la película El Amparo (2016) y protagonizando montajes teatrales recordados por el público caraqueño como El beso de la mujer araña y Rondó Adafina.
La música y la enseñanza como legado
Además de actor, fue músico activo y miembro fundador de agrupaciones de cámara. Interpretó óperas clásicas como Rigoletto, Nabucco y Aída, y participó en ciclos líricos recientes dedicados a la divulgación operística.
Sin embargo, muchos lo recuerdan sobre todo como formador: su trabajo pedagógico permitió a numerosos actores y cantantes desarrollar técnica y sensibilidad artística, convirtiéndose en referente ético dentro de la escena cultural.
Salazar fue una pieza clave en la institucionalidad cultural del país:
- Miembro fundador de la Camerata de Caracas y del grupo Ars Musicae.
- Destacado intérprete en óperas de la talla de «Rigoletto», «Nabucco» y «Aída».
- Pilar fundamental del ciclo «Opera Viva» en 2020.
Más allá de su brillo individual, «Pancho» fue un formador incansable. Su labor pedagógica en Venezuela y el exterior permitió que numerosos actores y cantantes encontraran su propia voz y técnica, convirtiéndose en un referente ético y estético para sus alumnos.
Un legado humano y artístico
La comunidad cultural coincide en que su aporte trasciende las obras que interpretó. Salazar integró psicología, música y teatro para explorar la condición humana desde el escenario y el aula.
Hoy, Venezuela no solo despide a un intérprete, sino a un maestro cuya influencia continuará viva en cada alumno formado y en cada montaje que lleve su huella.
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