En el corazón del Parque del Retiro, Casa de Vacas se convirtió en un refugio caraqueño fortuito y efímero donde, durante unas tres horas, grandes artistas del exilio venezolano se reunieron para revivir a José Ignacio Cabrujas. No fue un miércoles a las dos de la tarde, ni un etcétera, fue un lunes 23 de marzo a las seis, cuando El día que me quieras del escritor caraqueño revivió en formato de lectura dramatizada, en un espacio para el anhelo y la reflexión.
Unas 140 personas se congregaron para volver a escuchar a Cabrujas, como un tango tardío, que evoca amores imposibles y exilios sentimentales. Aquel dramaturgo, cronista y hasta filósofo de Venezuela, que es un país provisional, apareció de pronto para dejarnos más expectantes y a la espera del porvenir, del nuevo gobierno, la decisión de Donald Trump o la carta de Romain Rolland.
Pero más allá de la añoranza que surgen siempre en estos encuentros, lo noticioso es que grandes artistas y voces de la cultura venezolana abrieron un espacio para el teatro, texto en mano, despojados de escenografía y luces. Solo las voces, la cadencia de las pausas cabrujianas y el eco de un público atento bastaron para que la sala vibrara con la intensidad de una representación plena.
La obra, para quien la conoce y para quien no, es un diálogo íntimo entre personajes atrapados en la red de la memoria y el deseo. El libreto desplegó su arquitectura verbal con la precisión que caracteriza al dramaturgo, recordándonos por qué Cabrujas, a 31 años de su muerte, sigue siendo un faro para la dramaturgia latinoamericana en la diáspora.

Sacar a José Ignacio Cabrujas de la gaveta
La lectura, organizada y producida en el marco de la programación oficial del Centro Cultural Casa de Vacas del Ayuntamiento de Madrid, estuvo dirigida por el director y productor teatral Manuel «Mago» González y reunió a un elenco mixto de intérpretes venezolanos y argentinos integrado por Paula Woyzechowsky, Miguel Ferrari, Catherina Cardozo, Eloísa Maturén, Basilio Álvarez, Walter de la Reta y Juanma Muniagurria.
En el foro posterior, González abrió el coloquio enfatizando la vigencia histórica de la obra que narra la visita de Carlos Gardel a Caracas en 1935, como “una forma de ser muy particular de una parte de la izquierda venezolana de esa época”. Subrayó que el proyecto forma parte de un plan más amplio para rescatar el legado de Cabrujas desde Madrid: “La idea es sacar a Cabrujas de la gaveta porque todavía tiene muchas cosas que decir”, explicó, aludiendo a futuros montajes de Profundo y Acto cultural.
“En este trabajo de mesa nos encontramos con cosas que no sabíamos cómo contarlas a estas alturas”, admitió, apuntando a la actualidad que sigue destilando el texto.
«Montar a Cabrujas es una responsabilidad»
El actor y cineasta Miguel Ferrari definió la experiencia como “extraordinaria” y aseguró que “siempre es una responsabilidad, sobre todo por los precedentes que hay, lo que se ha hecho, que están en el imaginario de la gente que lo vio y de la gente que ha asistido al teatro, sobre todo los seguidores de Cabrujas”.
Para el actor, el personaje de Pío Miranda trasciende la ficción: “Pío es de alguna forma Cabrujas, el Cabrujas desnudo, con esa decepción de lo que él pensaba que era la izquierda y al final cómo se le desmorona todo eso que siempre defendió”, señaló, subrayando la dimensión política y biográfica que late bajo la trama.
“Pío es de alguna forma Cabrujas, el Cabrujas desnudo, con esa decepción de lo que él pensaba que era la izquierda»
El actor y director de teatro Basilio Álvarez llevó esa reflexión al terreno íntimo de la interpretación y subrayó la manera de escribir incisiva -sutil, jocosa y dolorsa- de Cabrujas, con el «háblale de flores, háblale de flores» que dice Matilde en la obra. «Es una frase tan simple, tan sencilla, que te hace preguntar ‘¿Cómo coño escribiste eso?’”, señaló, fascinado por la precisión emocional.
“El texto te arropa y te pone una vara tan alta a la cual no puedes llegar”, añadió, quien repitió como Plácido Ancízar, rol que ya había interpretado en los 2000 bajo la dirección de Juan Carlos Gené. “Mi pregunta favorita es siempre la misma: ¿cómo se puede escribir así? Es impresionante. Me parece bello lo de las lecturas dramatizadas porque das a conocer el texto, y creo que eso es lo que estoy diciendo de un autor como Cabrujas: no hace falta sillones, no hace falta vestuario, solo que la gente lo pueda conocer”, remató.

La carga simbólica de El día que me quieras
Catherina Cardozo, encargada de interpretar a Elvira, subrayó la carga simbólica de su personaje: “Elvira describe muy bien a la mujer venezolana, ese pilar de la familia. Ella lleva el sostén de toda la familia, carga con un gran dolor por la decepción amorosa, por ese abandono, y además con el temor de que a su hermana le pase lo mismo”.
Preguntada por la visión de Cabrujas sobre los personajes femeninos, detalló: «Como mujer venezolana me identifico muchísimo con el personaje: hay familia, hay amigos, hay madre, y a la vez hay una ternura que es una mezcla muy poderosa de emociones y sentimientos”.
Paula Woyzechowsky, encargada de dar vida a Matilde, se detuvo en la mirada que construyó sobre su personaje: “Ella no es una mujer con una posición política, así la vi, así la sentí. Es una mujer que ama profundamente a Pío, que lo admira profundamente y que quiere creer, necesita creer que esa utopía, que ese horizonte que él le propone, es posible”. La intérprete confesó que su madre, la actriz y compositora Laura Brey, quien emigró hace más de 20 años, había viajado a Madrid para ver por primera vez a su hija en un escenario.

Pío Miranda y el «ser o no ser» venezolano
Los argentinos De la Reta y Muniagurria compararon a la obra con otras grandes del repertorio universal: «Me dijeron que tenía que leer El día que me quieras, que Cabrujas era una suerte de Shakespeare moderno de Venezuela y que el monólogo de Pío Miranda era el «Ser o no ser» venezolano, y así lo veo, es impresionante e impecable», aseveró Muniagurria.
Por otro lado, la dramaturga y guionista Mónica Montañés intervino en el coloquio con su característica jocosidad, desde la memoria generacional. “Los domingos leíamos su página El país según Cabrujas para ver qué opinábamos, qué pensábamos y cómo nos reíamos, porque siempre tuvo ese toque de lo que nos estaba pasando”, recordó, subrayando la influencia del autor en la sensibilidad política de toda una época.
“Qué cosa tan maravillosa acaban de hacer. Esto es la lectura dramatizada, que en España se hace poco. Para nosotros es la demostración de que el teatro es texto y actor”, dijo.
La velada, que reunió a la comunidad venezolana madrileña y a un nutrido grupo de espectadores españoles y argentinos en torno a un clásico del teatro latinoamericano, dejó la promesa de nuevos encuentros cabrujianos en la ciudad. En el evento participaron artistas como los actores Arlette Torres, Kevin Jorges y Eliana Santander, así como la emprendedora Patsy Montiel y el equipo de periodistas culturales de www.el-teatro.com.
En tiempos de migraciones y dispersión, El día que me quieras volvió a demostrar que el teatro, incluso cuando se presenta solo como lectura dramatizada, sigue siendo un lugar donde la palabra compartida se convierte en memoria y resistencia.
Fotos: Alberto Hernández – @albertohernandez.studio


