Los árboles no votan se estrena en Teatro del Barrio, una sátira mordaz sobre la instrumentalización política de la crisis climática. La obra, escrita y dirigida por José Ignacio Tofé, se representa los miércoles del 25 de febrero al 18 de marzo, invitando al público a reflexionar sobre la hipocresía en los despachos del poder.
En un contexto donde la crisis climática domina los debates electorales en España, esta producción teatral llega con oportuna vigencia. La trama se desarrolla en el despacho de la presidenta de una comunidad autónoma, justo antes de unas elecciones clave.
Su equipo impulsa un proyecto estrella: una planta de descarbonización que promete extraer el CO2 de la atmósfera y resolver el efecto invernadero. Sin embargo, días antes del voto, surge el problema: la fábrica no cumple expectativas.
La disyuntiva es clara: ¿admitir el fracaso o maquillar la realidad para convertirlo en triunfo electoral? Esta premisa ficticia ecoa escándalos reales, como las promesas incumplidas de infraestructuras verdes en regiones españolas, donde políticas ambientales se usan como arma partidista.
José Ignacio Tofé, con su pluma, emplea el humor satírico para desmontar la política contemporánea. «Vivimos en una política tan absurda que solo hay que distanciarse un poco de la realidad para entrar en el terreno de la sátira», declara el autor.
El texto subraya cómo la verdad se negocia en sombras, y reírse de ello puede ser el primer paso hacia la conciencia crítica. En España, donde partidos de todos los signos han instrumentalizado el cambio climático —desde grandes pactos fallidos hasta campañas electorales con propuestas ecológicas espectaculares que no prosperan—, la obra resuena con fuerza.
Datos curiosos abundan: según informes recientes del Ministerio para la Transición Ecológica, España acumula retrasos en objetivos de descarbonización, con proyectos piloto que prometen milagros pero generan humo, literal y figurado.
Los árboles no votan: sátira al poder y la crisis climática en España
La puesta en escena convierte el despacho presidencial en un «verdadero teatro de la democracia». Tofé critica los parlamentos como «teatros malos y caros», donde las decisiones reales se toman a puerta cerrada. El público, desde el patio de butacas, espía cómo se tejen las mentiras cotidianas: esas narrativas que aseguran que todo se hace por el bien común.
Este montaje minimalista, con un elenco que encarna la maquinaria política, invita a cuestionar quién mueve realmente los hilos en la lucha contra el calentamiento global.
La crisis climática en España, con sus olas de calor récord y sequías persistentes, proporciona el telón de fondo perfecto. Extremos como el fracaso de macroproyectos eólicos en Canarias o las polémicas por incineradoras disfrazadas de «sostenibles» en Valencia ilustran cómo la sátira de Tofé trasciende la ficción.
Los árboles no votan nos recuerda que las soluciones reales no vendrán del poder, sino de una ciudadanía alerta. Con entradas ya disponibles, esta función limitada ofrece una catarsis humorística ante la impotencia climática y política. Una invitación a reír, pensar y, quizás, actuar.
El humor como antídoto a la hipocresía política
En un país donde la política ambiental se mide en titulares más que en hechos —piénsese en los fondos Next Generation EU que se evaporan en burocracia—, la obra de Tofé propone el distanciamiento cómico como herramienta de cambio. El director enfatiza: «Reírnos puede ser el primer paso para tomar conciencia». Representada en un formato íntimo, permite al espectador sentirse testigo privilegiado de la farsa. Para los aficionados al teatro de autor en Madrid, esta es una cita imprescindible en la agenda cultural de 2026.


