Es bien sabido que el teatro, el cine y otras disciplinas artísticas se han hecho eco de la supremacía del hombre en las distintas esferas de la sociedad. Aunque esta nota no tiene ninguna pretención feminista sino femenina, no podemos dejar de lado que la mujer ha sido invisibilizada por siglos y es en, apenas, décadas que hemos podido conocer su trabajo. Tenemos la suerte de hacerlo, en esta oportundiad, de la mano de ocho grandes mujeres del teatro que nos traen su perspectiva de lo escénico, con motivo del Día de la Mujer, el 8 de marzo.
Desde las obras religiosas griegas en las que se rendía culto y homenaje a las diosas madre, a la luna, a las cosechas, a las diosas de las aguas y los ríos y más; pasando por la cultura matriarcal cretense del siglo XV que nos da algunos indicios sobre la visión simbólica y idílica de lo femenino; hasta aquellas damas que duran la Edad Media se vistieron con trajes de varones para poder participar del arte. Mucho se ha dicho y mucho falta por conocer, pero lo que sí es cierto es que podemos celebrar sus voces resonantes, a través de los testimonios de grandes artistas contemporáneas, sus trayectorias y perspectivas en relación a las Artes Escénicas. 8 de 8, diríamos.
¿Cuál es el rol que cumple la mujer en el teatro? ¿Cómo ha ayudado la visión femenina a modificar los planteamientos de las Artes Escénicas en las diferentes épocas? ¿Cómo han sido sus caminos? ¿Qué opinión tienen del teatro en la actualidad?
Viviana Perea, Karin Valecillos, Luisa Huertas, Angela Ribeiro, Blanca Oteyza, Adela Donadío, Cristina Higueras y Claudia Maldonado nos cuentan, grandes mujeres del teatro, nos cuentan su perspectiva sobre la mujer en el teatro, además de lo que significa confrontarse con los desafíos de una profesión que, especialmente en los países hispanoahablantes, exige mucha resiliencia.
Karin Valecillos (Venezuela)

Valecillos es dramaturga y directora de teatro. Una contadora de historias innata. Sus escritos están influenciados por la música, la escritura, la historia, la política, sin dejar de lado la voz femenina. De hecho, en una conversación con ella, nos relata que su camino en el teatro, sobre todo en la dramaturgia, ha estado muy ligado a la ayuda de una mujer, Gladys Prince, gracias a quien escribió su primera obra Isabel sueña con orquídeas.
«Nosotras hemos estado (por mucho tiempo) en minoría en todos los ámbitos de la sociedad y del mundo profesional. Y cuando tenemos una posición en la que podemos darle la mano a otra mujer, creo que es absolutamente necesario que lo hagamos».
La dramaturga reflexiona que, desde que las mujeres empezaron a poner los pies en el escenario, lo que han hecho es contar su historia desde su propia mirada. Nos recuerda a Simone de Beauvoir cuando dice que “cuando el hombre habla de su historia parece que estuviera hablando de la historia de la humanidad, mientras que cuando las mujeres cuentan sus historias, parece que hablaran de algo muy pequeño, que solo les sucede a las mujeres”. «Pero nosotras también somos la humanidad y nuestra historia también es tu historia».
«Eso nos ha permitido cambiar las narrativas sobre lo que significa ser mujer, sobre lo que significa nuestro rol en la sociedad, sobre cómo nos ven, porque en el momento en que cambiamos la idea de cómo nos ven también cambiamos cómo nos vemos».
«cuando tenemos una posición en la que podemos darle la mano a otra mujer, creo que es necesario que lo hagamos».
Adela Donadío (Colombia)

«Nuestro arte es el arte de la interpretación. No solo los intérpretes interpretan los papeles, sino yo como directora interpreto un mundo y hago una traducción a los lenguajes de la puesta en escena. En la misma línea, me interesan las dramaturgias donde están las dos dimensiones: lo personal/íntimo y la social/histórica».
A Adela Donadío le gusta cuando hay una dimensión trascendental en las obras, algo filosófico, profundo, pues es una directora que se adentra en el mundo de los textos como una tarea hermenéutica. Para ella, las mujeres tienen el don de la palabra; la palabra femenina, la manera cómo traducen el mundo, «somos las dadoras de la lengua materna».
Es notable que la artista viene de la Filosofía, la literatura latinoamericana y la pedagogía. También se ha dedicado durante años a la Gestión Cultural de la mano de la gran atista colombiana Fanny Mikey (fundadora del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá). Su búsqueda ha estado guiada siempre por la poética del texto y de la puesta en escena, con lo que no busca un teatro complaciente, sino uno necesario y útil.
En su más reciente obra, Entre putas…una voz (co-dirigida con Leonardo Petro) se adentró en el universo de las trabajadoras sexuales, escuchando sus historias y entrando a sus mundos, para poder darles voz desde la investigación y el testimonio. «Quería la vida de las mujeres, darles a ellas la voz y permitir que ellas en la obra misma hablen de los momentos duros, pero también de lo que ellas sienten. Una visión de ellas donde se sientan dignas. Una creación escénica testimonial, ese es el teatro de mujer que busco», asegura a El-Teatro.com.
Para ella, el teatro desde la perspectiva femenina debe ser una especie de encuentro entre las ideas artísticas y los relatos de vida.
Luisa Huertas (México)

«Considero que a través del arte, la humanidad ha conocido el espíritu de los seres humanos de diferentes épocas, quizás con diferentes problemáticas, pero que siempre giran alrededor de los mismos temas: el amor, el odio, la guerra, la construcción de la paz, la pobreza, la riqueza, la desigualdad, la injusticia».
Con una trayectoria de más de 40 años, Luisa Huertas considera que «el arte no da soluciones, pero nos permite reflexionar» y esto aplica al rol de la mujer en el teatro. Sobre esto, afirma a El-Teatro.com que una de las características más importantes de una artista es el «respeto y la consideración por el otro, el ver al otro como igual, y también comprender la diferencia».
«Ser mujer en el teatro es respetarse a si misma, aportar su sensibilidad, la mirada femenina, el cuidado, los detalles, la rigurosidad, la organización, el ritmo de trabajo».
La actriz salvadoreña-mexicana cuenta que su camino ha tenido momentos difíciles, pero también momentos luminosos, llenos de alegría, creatividad, de reconocimiento, de rigor, y de trabajo arduo, pero que siempre ha valido la pena para hacer lo que más le gusta: actuar.
«Las mujeres hemos tenido que luchar para abrirnos paso, demostrar que tenemos talento para hacer teatro y para tomar cualquier rol en el mundo del teatro. Y siempre busquemos la armonía. La armonía se consigue con notas muy distintas entre sí, pero que juntas conforman armonías».
Cristina Higueras (España)

«Si crees en tu camino y en tus cualidades, persigue tus sueños. Todos tenemos el derecho y la obligación de perseguir nuestros sueños. Siempre es mejor arrepentirse de lo que uno ha hecho que de lo que ha dejado de hacer».
Son palabras de la la actriz, directora y productora teatral española Cristina Higueras, quien en los últimos años se ha interesado cada vez más por la perspectiva de género. Muestra de ello es su trabajo como directora de La saga que, como afirma, es «una comedia divertida, bien construida, con una estructura perfecta y con una carga de reflexión perfectamente compatible». «En el trayecto de la obra podemos observar que todos los personajes son muy fieles a sus principios, pero que estos se tambalean cuando la teoría colisiona con la práctica», asegura.
Higueras cita a Simone de Beauvoir, cuando habla del rol de la mujer en el teatro: «Los privilegios nunca se ceden, hay que conquistarlos porque quien tiene los privilegios se resiste con uñas y dientes a quedarse sin ellos”.
«Vivimos en una sociedad patriarcal, donde el poder lo siguen teniendo mayoritariamente los hombres y sigue habiendo un techo de cristal para las mujeres. Es verdad que hemos avanzado mucho, pero todavía nos quedan muchas cosas por conseguir», asegura la artista que también ha publicado tres novelas negras y una novela de humor.
«Vivimos en una sociedad patriarcal, donde el poder lo siguen teniendo mayoritariamente los hombres».
Viviana Perea (Argentina)

«Tenemos que ser responsables de aquello que comunicamos, de los discursos que sostenemos y de las imágenes que proyectamos. Yo siempre pienso en ese espectador que va por primera vez al teatro. Qué es lo que yo le ofrezco a ese espectador y que corro el riesgo de que no vuelva».
Viviana ha trabajado en el teatro alrededor de 25 años y comenta que sigue revisando discursos, trabajando sobre aquello que va sucediendo en el día a día y siente que todavía tiene mucho que aprender. «Poder vivir en arte, en función de lo que hemos elegido, ser coherentes, pensarnos y vincularnos desde ahí, desde esa decisión de hacer del arte un modo de vida».
Para ella, la clave reside en los vínculos que creamos y nutrimos, que no nos despeguemos de la realidad y siempre tratemos de visibilizar al otro, a las minorías, las luchas sociales y las conquistas que tenemos como mujeres.
«Creo mucho en el vínculo, en cómo hacemos teatro desde las relaciones. El teatro es una actividad netamente grupal y necesitamos acompañar el proceso del otro.»
Como directora, actriz y gestora de un Festival Internacional para Mujeres, ella sabe lo importante que es crear una red y compartir aquello que hacemos. Y se necesita mucho compromiso, trabajo, conexión y apoyo entre todos y todas.
Angela Ribeiro (Brasil)

«Por increíble que parezca todavía cargamos con los prejuicios de un mundo machista, patriarcal, de necesitar una validación en algún lugar inconsciente y difícil de transformar».
Esto nos revela Angela Ribeiro, actriz, dramaturga y directora, nacida en Belém do Pará. La artista ha consolidado una carrera de éxitos tras cruzar el territorio brasileño desde Pará (norte de Brasil) a São Paulo. Cuenta que siempre escribió en grupos de teatro colaborativo y que, luego, al escribir más solitariamente, fue encontrando su identidad como dramaturga. En la Escuela de Arte Dramático, empezó a descubrir sus características como actriz, como creadora, y entre tantas referencias lograr identificar qué era suyo, legítimo y qué le hacía feliz.
«Todavía cargamos con los prejuicios de un mundo machista».
En medio de todo, Ribeiro es madre de dos niños (Joaquim y Bento), y nos comparte que son su «máxima obra de arte». Sus hijos movieron su mirada hacia ese lugar de la maternidad, de lo femenino y de «cómo es duro percibir que todavía necesitamos cavar nuestros espacios con las uñas». «Como artista, mi deseo es expandir la mirada de la sociedad, transformar mis inquietudes en poesía, en herramienta de acción en el mundo. La palabra no puede ser solo la palabra, ella tiene que ser acción en el mundo», asegura.
Su constante búsqueda es mirar a lo que escribe y ver cómo actúa en la sociedad en la que vive, cómo se vuelve un elemento de transformación, cómo cria a sus hijos para que sean agentes de acción, «comprendiendo su crianza y su tiempo, pero enseñándoles a tener una mirada humana también hacia lo femenino».
«Sabemos lo que es ser silenciadas o los hombres pensando que tienen que poner subtítulos a lo que decimos. Estamos en ese movimiento de transformación, pero hay cosas muy arraigadas todavía y solamente juntas logramos hacer que el cambio suceda», subraya.
Blanca Oteyza (España)

Blanca Oteyza es una optimista. Nos comparte que su camino ha sido apasionante y que desde muy joven empezó a hacer y formar sus propios proyectos. Según ella, lo mejor que le puede pasar a una actriz o actor es tener su cabeza y su creatividad siempre ocupada, pues el hecho artístico te puede salvar de todo.
«Yo creo muchísimo en el trabajo, en el rigor del trabajo. No hay que parar nunca. He visto muchos actores y actrices con vidas muy tristes por sufrir esta llamada que nunca llegó. Siempre van a haber muchas dificultades pero no hay que tirar la toalla».
Para la actriz, lo más importante es el compañero, ponerse en el lugar del otro, en el lugar del personaje, la honestidad, preservar un ego bajo y mucho compañerismo. «Los egos nos confunden y hay que tener en cuenta de que hoy estás ahí y mañana estás en otro lugar», afirma.
«Seas mujer u hombre, lo importante es que exista pasión, buen hacer, honestidad, lucha, rigor y fe en lo que uno hace de corazón, así pasarán las malas rachas, pero la satisfacción de ser consecuente con uno mismo es algo que no te lo dará nadie», asegura. Para ella, «cuando la ilusión muere, el actor y la actriz se secan. empiezan a imitar, se vuelve vago, deja de investigar, deja de ilusionarse, entonces uno se empieza a marchitar».
«Puedes lograrlo, puedes vivir la vida como tu quieras vivirla porque es tuya y la puedes compartir con quien quieras, con quien ames y con quien elijas. Yo no creo en el individualismo. Soy un alma de compañía, un alma de creer en el amor, un alma de compartir. Soy una actriz y a la hora de subir al escenario, lo que busco es eso: el compartir».
Claudia Maldonado (Colombia)

Para Claudia Maldonado, el camino como mujer en las Artes Escénicas ha sido «un transitar constante. «El teatro es un pretexto para escudriñar en la complejidad del ser humano, adentrándome en los detalles que me permitan descifrar nuestras maneras de reaccionar y de relacionarnos. Es un transitar constante en la búsqueda de un lenguaje que me permita hablar del mundo y del momento histórico que estoy viviendo», asegura.
Sobre el rol de la mujer en el teatro, afirma que es el teatro en sí mismo el que sutilmente aquello que se quiere decir desde la escena, tanto para hombres como para mujeres, y eso mismo es lo que es lo que el mundo necesitaría escuchar.
«Sin duda trabajar desde la escena y para la escena me revela la profundidad del alma humana y me confronta con mis creencias, con mi manera de ver el mundo y con mis acciones que en algunas oportunidades me sorprenden satisfactoriamente».
Un arte de grandes mujeres del teatro
Si bien todavía cargamos con los prejuicios de un mundo machista (como dice Ribeiro) el espacio no está vacío. Se permea de los mensajes, el clamor y la lucha constante de grandes mujeres del teatro que han sabido llenar esos espacios con nuevas interrogantes y propuestas que hoy impregnan las salas, reivindicando el teatro actual.
No es el «hombre que camina por ese espacio vacío mientras otro le observa», en una alegoría a Peter Brook, sino la mujer que camina por ese espacio y el mundo le observa. Y en ese andar, dirían algunas de nuestras entrevistadas, lo importante el compañero, ponerse en el lugar del otro, siendo responsables de aquello que se comunica y de los discursos que se sostienen.
La mirada femenina, además, va más allá de los prejuicios y genera un teatro de rigurosidad, transformación y pasión. Es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral.
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Entrevistas: Juliana Spínola
Textos y edición: Patrizia Aymerich y Zara Fermín Rapisarda
Imágenes cortesía: Viviana Perea, Karin Valecillos, Luisa Huertas, Angela Ribeiro, Blanca Oteyza, Adela Donadío, Cristina Higueras y Claudia Maldonado
Agradecimientos: Argenis Leal, Marea Global y Isabel G. Jerez.


