Colombia

Rodrigo Rodríguez y «Persona – Persona»: «Hoy tenemos miedo a todo»

Rodrigo Rodríguez habla de forma pausada y piensa sus palabras. Sabe lo que quiere decir, es frontal, pero su discurso va cargado de respeto: “No es posible que se vea todo como empresa, la actividad teatral como una fábrica, todo esto acaba con la naturaleza de la persona”.

Y así esboza una mirada del teatro de Ditirambo y de Colombia desde lo social y la crítica política, muy perspicaz, que habla más del ser humano que del teatro visto como un negocio. De hecho, su compañía que habita en un espacio en la calle 45 del Barrio Palermo en Bogotá, está comprendida por su familia y amigos más cercanos de toda una vida de arte.

Es por esto que, actualmente presentan Persona – Persona, en una vuelta de tuerca al cine de Ingmar Bergman y con la ambiciosa –y terca– necesidad de poner en escena las frustraciones y crisis del ser humano “para volver a ser personas y no vernos solo como objetos de consumo”. Pero también, para destapar y comprender los miedos del ser humano.

No parece tarea fácil. Ya Bergman había sido censurado por el filme en el que se inspira la obra Rodríguez, Persona, por su terror psicológico y su contenido sexual. Ahora, Rodríguez, con sus 30 años de experiencia en Ditirambo, le da su toque personal a una adaptación que busca sensibilizar sobre los dolores y miedos de las personas, especialmente del latinoamericano, con este montaje que capta la “atmósfera hermosa”, el blanco y negro y el claroscuro del mundo del director sueco.

En la historia de Rodríguez, dos mujeres se conocen a través de un médico. Una de ellas es actriz y un día decide no volver a hablar en plena función frente al público. En ese momento la mujer es atendida por un psicólogo, que le propone una enfermera para que la acompañe, y le presta una casa frente al mar para ver si la artista sale de la crisis. En la obra solo habla la enfermera.

Aunque aquí la historia establece su diferencia con la película. En la pieza, el médico ha hecho un pacto con la actriz, pues la enferma realmente es la enfermera. Así, la enfermera desnuda su alma y la actriz solo escucha y le informa al médico, a través de cartas, los avances que está teniendo la enfermera.

Es una historia muy psicologista. Habla de las falsas lealtades y pone en duda el valor de la palabra, que a veces usamos como un instrumento de destrucción o de mentira y traición. Juega con esos estados anímicos y con la pérdida de identidad”, explica Rodríguez en entrevista con El-Teatro.

Así, Persona – Persona conecta la realidad latinoamericana y sus miedos, con el horror de la guerra que efervesce en los discursos de Bergman. “Aquí las guerras las seguimos viviendo por la realidad de nuestro país, con muchos grupos pequeños y con la delincuencia común, y eso da miedo”.

¿Por qué hacer una obra basada en la película de Bergman?

Bergman es una guía que tiene muchos significados, y aquí la resignificamos. Cogimos textos de Bergman, y yo escribí algunos parlamentos de la obra dándoles mi versión interpretativa.

¿Qué crees que hay que rescatar de este clásico del cine?

Bergman toca el horror de la guerra. Y el tipo de teatro que hacemos aboga por la paz, aboga por el estar del lado de las víctimas, hace crítica social de la situación en que vive el hombre en Latinoamérica. Lo humano, las emociones, los dolores íntimos, nos interesan para recuperar los y tratar de vivir una vida más plena. Es decir, nos conectamos a este tipo de historias porque buscamos acceder al arte de una forma reflexiva y política. Él tiene ese tipo de cosas, y significados que para quien son diferentes, no son unívocos, sino equívocos.

¿Cómo conectar la realidad latinoamericana con ese cine sueco?

En Ditirambo hacemos un teatro popular mestizo y analógico. Y Bergman, a pesar de haber sido criado desde una educación bastante religiosa, pone en tela de juicio las formas del castigo y el perdón, o los miedos. Eso nos conecta. Hoy tenemos miedo a todo en Latinoamérica, a salir de noche, a perder el empleo, a quedarse solo, a tener una familia, a caminar por la calle o a que me roben el teléfono, miedos tan grandes que creo que el arte, el teatro y el cine nos ayudan a liberarnos.

En ese sentido, de vencer los miedos y estar en contra de los castigos inapropiados, Bergman nos ilustra.

¿De qué forma introduces los elementos de terror psicológico o contenido sexual de la película en la obra?

Sí se toca el tema del lesbianismo pero queda a juicio del espectador, no es el tema central. En cambio, hay muchos temas femeninos y juveniles, como el arrepentimiento, el aborto, o la infidelidad, que tienen que ver más con una ruptura cultural. Han cambiado tantos las relaciones humanas en los últimos 20 años, que antes había cosas que no eran aceptadas y ahora sí, que vuelve a ser un llamado a esa reinvención de lo cultural.

Ditirambo la creaste en el 88, ¿cómo ha cambiado el teatro en Colombia desde entonces?

Cuando empezamos después de la escuela de teatro, como estudiantes, no sabíamos qué tipo de teatro íbamos a hacer, porque había muchos modelos. En ninguno nos sentíamos a gusto porque eran modelos expresivos prestados. Pero el quehacer nos fue llevando a hacer historias populares que mezclaban el teatro con otros saberes, como la filosofía, ciencia, política, cualquier tema. Y tratar de trabajar con pocos elementos y hacer un trabajo de analogías y símbolos. Es un tipo de teatro de entregar el cuerpo y alma en escena.

¿Cómo hace un grupo de teatro para mantenerse en el tiempo y con una realidad como la de Colombia?

Hemos durado porque somos una familia. Hacemos teatro cuando hay dinero y cuando no hay. No trabajamos por la plata sino con la esperanza de conseguir plata. Crear memoria dejar dramaturgia obras, un trabajo social. Hacemos una forma cívica de contar la realidad. Ahí se nos pasaron 30 años, duros de trabajo, pero inmensamente felices.

¿Como ves la situación actual del teatro en Colombia?

De muerte lenta. Porque ha habido una normatividad en los últimos cinco o siete años contra los teatros, en un afán de formalización que requiere más dinero. Formalizar no puede ser por decreto, tiene que haber una mejor distribución de recursos, ahora es pésima. El Teatro Colón, por ejemplo, tiene inversiones grandísimas millonarias, que reciben del gobierno. De hecho, el total de su partida supera a la partida total que se da a todo el conjunto de grupos pequeños. Es una locura.

En cuanto a Ditirambo, a veces queda en las subvenciones, lo logramos. Otras veces no. Es una lotería.

Lo peor es que se crea una competencia entre hermanos y amigos, dolorosa. Es triste cuando alguien queda por fuera del apoyo. Y ha sido duro cómo se comercializó todo con la Ley Naranja (2017), de ver todo como empresa. De modo que nuestros compañeros que son nuestros hermanos tenemos que hacerles contratos, a mis hijos tengo que hacerles contrato, como si fueran empleados. Y esa es una diferencia muy grande entre el teatro y una fábrica.

Todo esto acaba con la naturaleza de la persona, se aplican normas a organizaciones como si fueran empresarios y no estamos trayendo a Madonna. No me puedes medir con la misma vara que lleva el grupo de Shakira.

Persona – Persona se presenta en Ditirambo Teatro sede Galerías, del 11 al 19 de julio de 2019, de jueves a sábado a las 7:30 de la noche, con la actuaciones de Margarita Rosa Gallardo, Kim Arévalo y Juan Andrés Guerrero.

Agradecimientos a Argenis Leal
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