Colombia

Juan Carlos Agudelo: “Nuestra dramaturgia está escrita para ser hecha y no dicha”

Marcy Alejandra Rangel.- Juan Carlos Agudelo cree en la estética del silencio dentro del teatro porque, asegura, tiene una mayor posibilidad expresiva dentro de los cánones de la universalidad. Desde 1997, cuando retornó a Colombia luego de haber estudiado en la escuela de Marcel Marceau en París, comenzó un laboratorio de teatro gestual que se fue permeando de los cánones de la coreografía, los recursos audiovisuales y de animación de objetos, el silencio y el mimo, hasta que se instaló en el teatro físico, una técnica que aprovecha la dramaturgia para interpretarla exclusivamente con el cuerpo.

Luego de diez años sin presentarse en La Casa del Teatro Nacional, este director caleño, residenciado en Bogotá, vuelve para estrenar Grises, una experimentación del texto Actos sin palabras II de Samuel Beckett con dos jóvenes recién egresados de la Escuela de Teatro Libre. Su segunda propuesta es Manú, un monólogo que, en lenguaje de mimodrama y con tres actores en escena, le da voz a un soldado en sus últimos instantes de vida luego de llegar de la guerra.

Ambas obras son el preámbulo de una proceso de formación de dos años con la que se estrenará la Escuela Nacional de Teatro Físico Le Gest, un esfuerzo en conjunto de La Casa del Silencio –su compañía– y la Academia de Artes de Guerrero, que busca sembrar en los primerizos la intención de la corporeidad por encima de cualquier otro tipo de expresión escénica.

-¿Por qué insistir en el teatro físico?

-El teatro físico es una opción de vida porque hay un territorio de universalidad que no hay en el teatro de texto. Si uno mira el negocio, vende más el teatro físico que un teatro que esté asentado en la palabra. Si tú quieres ofrecer una obra de teatro en español difícilmente la vendes en Rusia, a menos que sea un festival grande que use subtítulos; pero el lenguaje corporal no deja de tener un atractivo más universal que el texto. Ese es el argumento para habernos lanzado en esta especificidad. Hemos hecho una opción porque encontramos un potencial enorme. Es una decisión muy personal de muchos años indagando y creyéndole a ese lenguaje. Donde lo pongas, el espectador se toca porque el teatro físico toca temas humanos.

-¿El público bogotano apuesta por este género?

-La Casa del Silencio tiene un público. La gente se enamora del teatro físico porque les produce una fascinación que no hay siempre en el teatro de texto, a pesar de que algunas compañías lo logren. Descubren que hay una escritura que es un poco cinematográfica, unos códigos que son muy humanos, a pesar de que no tengamos una tradición. Pues si se dice que tenemos 50 o 60 años de teatro colombiano, el teatro físico quién sabe cuántos tiene. Yo estudié hace 20 años, pero para ese momento esto era un desierto. Por eso creo que es un constante proceso el hacer público, enseñar en las escuelas. No ha sido fácil.

-¿Qué hace falta para que el teatro físico se convierta en un género aceptado por el público general?

-Las agrupaciones de teatro viven quejándose porque lo que funciona es lo comercial, porque supuestamente el teatro está en crisis, pero también a la gente hay que educarla para que vaya a ver teatro. Se educa no haciéndolo gratis, creando una cultura desde el colegio mismo, empezando por la base. El proceso de formación de público tiene que asumirlo el Estado con los cojones y no haciendo un tallercito de un semestre para los barrios populares o dejando todo en manos de las pocas casas de la cultura que existen.

«En Buenos Aires hay más de mil salas y todas están llenas. Entonces algo pasa. Yo viví en Francia y allá había público y había salas más elitistas, pero el nivel de vida te permitía ir al teatro. Ahora, cuando no te lo permite, no lo priorizas en la canasta familiar».

-Si la vida en Francia le permitía asistir al teatro y formarse en él, ¿por qué volvió a Colombia?

-Yo fui a formarme allá pero me sentía vivo acá. Hacer camino en Europa no es fácil para los latinos de todos modos. Solo con contadas excepciones como Omar Porras, porque hay unas coyunturas que hacen que algunos puedan brillar, pero es muy duro. Han transcurrido 20 años y apenas estos últimos dos años han sido muy lindos con dos becas de creación, de presencia internacional. Pero es el resultado de sembrar, de estar ahí, insistiendo.

-¿Cómo es el proceso de creación de una obra de teatro físico?

-La Casa del Silencio está conformada por seis integrantes, entre ellos dos técnicos y una dramaturga. Me gusta tallar los prólogos y los finales con el cuerpo, pero Ángela Valderrama es mi confidente escénico: yo le planteo las ideas y ella las escribe, porque escribe muy bien. Le hablo de mis referentes que tienen a Marceau, Peter Brook, El Quijote, El Principito. Esos personajes empezaron a navegar ahí en los recuerdos para decir “yo quiero evocarlos”, “yo quiero hacerles un homenaje” y por eso se convirtieron en un primer pretexto dramatúrgico.

Claro: nuestra dramaturgia está escrita para ser hecha y no para ser dicha y ahí está la diferencia: el actor se sustenta del texto para decirlo mientras que el actor físico suelta el texto para hacerlo y ahí hay un abordaje similar, pero diferente. Ella siembra imágenes que son muy abiertas y nosotros las condensamos y las volvemos a aterrizar, ¿cierto?

-¿Cuál es el lugar de enunciación de La Casa del Silencio?

-La dos piezas que estamos presentando en La Casa del Teatro Nacional, Grises y Manú, tienen una relación intrínseca con el silencio y su punto de encuentro es Colombia, pero las dos son completamente diferentes. Cuando creamos, entramos en un proceso de creación de proponer, decir, envenenarlo con el lenguaje. Porque no todos los actores lo entienden. Tú a un actor le quitas el texto y no necesariamente sobrevive, se puede ahogar en el silencio. Son ficciones que se inspiran en la realidad para que el espectador se vea en un espejo y se establezca una suerte de contrapunteo. El ser humano se ríe de sus acciones cotidianas, esas manías que son lógicas y que son llevadas a un plano teatral porque traerlas tal cual no tiene sentido.

-¿Cuáles son las reacciones del público que entra a una función sin saber que va a ver teatro silente?

-Siempre hacemos foros al final de las funciones, porque se dan reflexiones muy profundas, muy humanas sobre la fragilidad y el vacío. En Grises hubo una persona que salió hablando de la vejez: “Qué duro es envejecer, cómo uno se va quedando solo, engarrotando, achicando”. Una señora que trabaja con indigentes nos dijo que esa realidad estaba ahí pero no la veíamos: “Nos habituamos, se volvió costumbre”.

Manú fue a verla una muchacha que estaba casada con un soldado americano que fue a la guerra en Afganistán. Y salió diciendo que entendió el silencio de su marido en la guerra, el silencio de la noche, la soledad. “Yo veía ahí a mi marido aferrándose a las cosas básicas, a recordar”. Esa es una metáfora fuerte, porque siento que esta obra vuelve a la universalidad. En esa medida la obra se sitúa en un terreno de universalidad muy sensible y es muy poética.

-¿Cuál es el aporte de La Casa del Silencio por formar a la audiencia colombiana?

-Nosotros somos como un vallenato colombiano que dice: “Te voy a hacer una casa en el aire, solamente pa’ que vivas tú”. Somos una metáfora que no tiene casa, hemos estado en lugares distintos. Pero ahora somos Escuela Nacional de Teatro Físico, porque de la mano de la escritura está la formación y eso es lo que le da sentido.

El proyecto se llama Le Gest y era un laboratorio de talleres, hasta que hicimos un convenio con la Escuela de Artes de Guerrero para formar una primera promoción que curse dos años de estudios con nosotros seis que somos egresados de París, Barcelona y Londres. Lo hacemos porque consideramos que es muy importante entender desde adentro qué pasa afuera y entender desde afuera qué pasa adentro. Formarse con nuestra estética que es lo que nos ha permitido ser un grupo con otras facetas creativas amplias.

Queremos sostener este proyecto para darle un lugar al teatro físico colombiano y hacer semillero, porque hay que dar relevo. Hay que empezar a circular internacionalmente, porque el lenguaje está hecho para presentarlo universalmente por fuera, entrar a circuitos que generalmente son muy cerrados.

Marcy Alejandra Rangel | @MarcyAlejandra
Fotografías de Manú de Tulio Sampayo
Fotografía 1 de Cineskrúpulos Audiovisual
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