España

Alfredo Sanzol hace “una denuncia social a través del humor”

Alfredo Sanzol tiene un poder para hacerse escuchar, para transmitir desde un teatro que unifica. “No me interesa la cultura cuando algunos sectores la usan para poner unas por encima de otras o para encontrar parámetros que les permiten decir que esto pertenece a una cultura y esto no, siempre voy a ser defensor de lo híbrido», dice y deja claro que su misión es «crear algo que tiene que ver con nuestro momento vital del presente».

No en vano, el director del Teatro de la Zarzuela, Daniel Bianco, lo ha escogido para dirigir la escena de El barberillo de Lavapiés de Francisco Asenjo Barbieri en este coliseo de la plazuela de Jovellanos, que estrena el 28 de marzo de 2018.

La mira desde una perspectiva sagaz. “Es una denuncia social y política llevada a través del humor y de unos personajes sumidos en una intriga política que les impide desarrollar sus vidas privadas”.

barberillo de lavapies teatro de la zarzuela españa

El también actor y dramaturgo, ganador del Premio Nacional de Literatura Dramática 2017 y 2019, indica que la obra, que data de 1874, “tiene una actualidad muy fuerte”.

El barberillo de Lavapiés, como muchas zarzuelas, necesitaba rodearse de una aparente ingenuidad porque las condiciones históricas así lo requerían. Pero el trasfondo creo que en estos momentos está claro, la obra dice que muchas veces las tramas y los que tienen el poder influyen en nuestras vidas hasta el punto en que las bloquean”.

La pieza vuelve al Teatro de la Zarzuela después de 13 años, cuando fue montada allí por última vez, con una investigación de la época muy fuerte y un espacio para la reflexión política igual de contundente.

“Es una obra muy española, pero hay que separar lo español de los españolismos porque los ismos recurren a ortodoxias y fundamentalismos que convierte las cosas en integrismos”.

“Barbieri quería crear un teatro musical español como lo estaba haciendo el resto de los países europeos, que buscaban crear su propio teatro lírico para poder sacar la cabeza frente a la omnipotente y poderosa ópera italiana, y para esto usa el acervo cultural español y le da una forma libre de prejuicios, que no hace exaltación de nada, para conseguir belleza”, explica Sanzol.

Sobre la actualidad política de la zarzuela, el director compa los enredos de la trama entre los personajes de Lamparilla –el Barberillo–, la costurera Paloma, la Marquesita del Bierzo y Don Luis de Haro, con los políticos actuales.

“En un supuesto, imagínate que yo soy de Pablo Iglesias y mi novia de Errejón, y ella está intentando que Errejón se reúna con Carmena sin que yo lo sepa. La política y el ser humano continuamente van de la mano y en la zarzuela hay intrigas, líderes, beneficiarios, víctimas, precios, lealtades y hasta declaraciones de amor u odio”.

Seguidillas y jotas

El cabecilla musical es José Miguel Pérez-Sierra. El director más joven en subir al podio del ROF, el Rossini Opera Festival de Pésaro (Italia), cuando en 2006 dirigió Il viaggio a Reims, ha dado una cátedra de música popular versus música contemporánea y ha dado atisbos sobre lo que se escuchará en la sala La Palomera.

«Quería dotar a esas seguidilla y jotas muy madrileñas de un punto intelectual desde la perspectiva rossiniana que es como la concibió Barbieri en su momento porque queremos recuperar el amor por la música que puede escuchar cualquiera”.

El equipo artístico lo completan Alejandro Andújar en la escenografía y vestuario, Pedro Yagüe en la iluminación y Antonio Ruz en las coreografías. Además de un doble reparto que lideran Borja Quiza, David Oller, Cristina Faus, Ana Cristina Marco, María Miró, Cristina Toledo, Javier Tomé, Francisco Corujo, David Sánchez y Abel García.

“Queremos que sea un espectáculo integral en que las disciplinas, el teatro o la danza, se fusionen, con seguidillas, zapateos y mucho folclore”, afirma Ruz.

“Me he inspirado en cuadros de Goya y otros artistas para darle un aire fresco y un perfume de la época”, ha dicho sobre la obra que se ambienta en los alrededores de El Pardo y del barrio de Lavapiés.

Vestuario y escenografía

Sanzol ha explicado que “la obra refleja una época especialmente colorista y festiva, un pequeño momento de relax dentro de la historia de Madrid. En ese entonces, florecieron las artes y fiestas, una época de la ilustración madrileña que se pueden imaginar con nostalgia”.

La escenografía consta de ocho elementos móviles, con una referencia minimalista, que permiten jugar con dos tensiones. Uno, el de los espacios cerrados, de callejuelas, de intrigas, y otro de espacios abiertos de celebración de plaza.

Como contraste, Andújar retoma la tradición del siglo XVIII y le da «una realidad más potente».

«Como contraste tenemos la sobriedad de la escenografía y la parte colorista del vestuario y las coreografías, que dan una dimensión especial a la parte artística», reafirma Sanzol.

Agradecimientos a Daniel Bianco y Juan Marchan

 

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